Por: La Redacción.

Chihuahua, Chih., a 6 de marzo del 2026.- En México, la esperanza tiene precio de sangre. Desde 2010, 35 madres buscadoras han sido asesinadas en el país; de ellas, 25 fueron ejecutadas durante los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación, revelando una realidad que ningún discurso oficial ha podido frenar: a las mujeres en México las están matando por intentar llenar una silla vacía en sus hogares.

El pasado 27 de febrero, el colectivo «Corazones Unidos por una Misma Causa» tenía una cita con la justicia en Mazatlán, Sinaloa. Esperaban a Rubí Patricia Gómez Tagle, quien buscaba a su hijo Édgar Daniel, desaparecido en mayo de 2025. Tras 50 minutos de retraso —algo inusual en una mujer cuya vida giraba en torno a la búsqueda—, sus compañeras acudieron a su casa.

«Entramos y me tocó ver a Rubí sin vida», relata Laura Ivonne Valdez, consternada. El feminicidio de Rubí no fue casualidad. Ocurrió el mismo día que la presidenta Claudia Sheinbaum visitaba Mazatlán para hablar de la «disminución de delitos», mientras la ciudad se desangra en la guerra interna del Cártel de Sinaloa.

De acuerdo con el registro documentado por Artículo 19, el panorama bajo la administración de Sheinbaum es desolador. Solo en 2025 se registraron 11 agresiones letales: siete asesinatos y cuatro desapariciones de personas buscadoras.

El informe detalla una geografía del horror que se concentra en tres estados:

  • Guanajuato: 11 agresiones.
  • Sinaloa: 4 agresiones.
  • Jalisco: 4 agresiones.

De las víctimas mortales, 21 son mujeres. Lo más alarmante es que el riesgo se ha acentuado en los últimos siete años: 17 de estos feminicidios ocurrieron bajo gobiernos de Morena (12 con López Obrador y 5 en lo que va del periodo de Sheinbaum).

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Jessica Alcázar, coordinadora de Artículo 19, denuncia una falta de voluntad política criminal. El Mecanismo de Protección para Personas Defensoras y Periodistas niega sistemáticamente medidas de seguridad a estas mujeres, bajo el argumento de que el riesgo que corren es por su «condición de víctima» y no por su labor de búsqueda.

«Es una revictimización grave», señala Alcázar. A esto se suma el intento de las autoridades por «rasurar» los censos de desaparecidos y filtrar en redes sociales teorías como el «crimen pasional» para desestimar los feminicidios de las buscadoras, como ha sucedido en el caso de Rubí Patricia.

Para las madres en Sinaloa, Chihuahua y todo México, la protección federal es una burla: botones de pánico que no funcionan en las brechas donde se localizan las fosas, o vigilancia por parte de policías locales que, en muchos casos, son los mismos perpetradores de las desapariciones.

«Queremos que ese miedo llegue a oídos de Claudia, que tenga empatía», implora Laura Ivonne. Mientras tanto, en vísperas del Día Internacional de la Mujer, las buscadoras se preparan para otra jornada de protesta. Irán con la pala en una mano y el corazón roto en la otra, porque, como ellas mismas dicen: «el amor por nuestros desaparecidos es más grande que el miedo a morir».

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