Por: La Redacción.

Ciudad de México., a 16 de abril del 2026.-  Lo que por semanas se intentó ocultar bajo la excusa de «causas naturales», hoy explotó en la cara del Gobierno Federal. Este jueves, las autoridades admitieron que el gigantesco derrame de petróleo en el Golfo de México sí se originó en un oleoducto de Pemex, específicamente en la zona de Cantarell.

El escándalo no solo es ambiental, sino de corrupción y ocultamiento, ya que tres altos funcionarios fueron separados de sus cargos y denunciados ante la Fiscalía General de la República (FGR) por haber negado sistemáticamente la fuga mientras las costas de Veracruz y Tabasco se llenaban de chapopote.

A pesar de que el discurso oficial —incluyendo el de la presidenta Claudia Sheinbaum— se aferró a la teoría de que el derrame fue causado por un barco o por «emanaciones naturales», la investigación interinstitucional reveló una realidad criminal: un ducto de 36 pulgadas falló y el cierre de la válvula se tardó 8 días en realizarse.

Entre las irregularidades detectadas que «embarran» a la paraestatal destacan:

  • Ocultamiento de pruebas: Se «escondieron» al menos 350 metros cúbicos de agua aceitosa recuperada.

  • Falsos reportes: Las áreas operativas negaron la fuga en marzo, cuando el petróleo ya estaba llegando a las playas.

  • Simulación: Pidieron a científicos simular la dispersión del crudo desde el 6 de febrero, pero al público le dijeron que no pasaba nada.

Por este desastre, el director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, confirmó la salida de:

  1. El Subdirector de Seguridad, Salud en el Trabajo y Protección Ambiental.

  2. El Coordinador de Control Marino.

  3. El Líder de Derrames y Residuos.

La nota cobra especial relevancia porque apenas el 31 de marzo, la presidenta Sheinbaum negó rotundamente la fuga, defendiendo la hipótesis de las «chapopoteras naturales». Hoy, la realidad la contradice, dándole la razón a las organizaciones ambientalistas que denunciaron el desastre desde hace más de dos meses.

Aunque el gobierno asegura que las playas ya están «seguras y limpias», la crisis de transparencia deja una mancha difícil de quitar para la administración actual.