
Por: Sandra Dueñes Monárrez
Ciudad de México., a 17 de abril del 2026.- Lo que durante años fue una «línea roja» innegociable para la autollamada Cuarta Transformación, hoy se tambalea entre tecnicismos y comités. La Alianza Mexicana Contra el Fracking ha lanzado una alerta roja: el grupo de expertos anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum para evaluar la extracción de gas no convencional podría ser, en realidad, una «simulación científica» diseñada para legitimar una decisión que ya fue tomada en los pasillos del poder.
La retórica oficial ha intentado suavizar el golpe hablando de «nuevas tecnologías» y un «enfoque sustentable». Sin embargo, para las organizaciones y comunidades que han defendido el territorio por décadas, el diagnóstico es letal: no existe el fracking responsable.
Intentar «despolitizar» la fracturación hidráulica presentándola como una simple charla de especialistas es, según la Alianza, una estrategia para aislar la decisión de sus consecuencias reales: el sacrificio de territorios enteros, la contaminación irreversible de acuíferos y la violación de derechos humanos básicos.
Para la Alianza, el comité que se presentará este miércoles nace con el estigma de la duda. Para que no sea un «teatro de Estado», el colectivo exige cinco condiciones mínimas que pondrán a prueba la honestidad de la administración de Sheinbaum:
- Sin sesgos de diseño: Si el mandato del comité es solo investigar «cómo» hacer fracking y no «si se debe» prohibir, la simulación estará confirmada.
- Autonomía real: Los expertos deben tener la facultad explícita de recomendar la prohibición total de esta práctica.
- Caja de cristal: Metodologías, conflictos de interés y deliberaciones deben ser de acceso público total. No más pactos a puerta cerrada.
- Voces desde el territorio: La ciencia no puede ser una «élite tecnocrática». Exigen que se escuche a las comunidades afectadas y a expertos independientes en salud y agua.
- El Principio Precautorio: México no puede ignorar que en el resto del mundo el fracking está siendo prohibido por sus desastres ambientales.
El argumento de la soberanía energética ha sido el escudo del gobierno para justificar la explotación de gas. No obstante, la Alianza cuestiona este enfoque: ¿Es soberanía si se compromete el agua de las futuras generaciones? ¿Es soberanía si se retrasa una transición energética justa para seguir alimentando el modelo fósil?
«Volver a poner sobre la mesa el fracking contradice abiertamente el compromiso de no permitir esta técnica en el país», sentencia el colectivo. La prueba del miércoles será definitiva: o se abre una deliberación pública seria con posibilidad de prohibición, o se monta un escenario para vestir de ciencia un giro político que le da la espalda a la salud del pueblo mexicano.






