
Por: Sandra Dueñes Monárrez
Chihuahua, Chih., a 20 de abril del 2026.- ¿A quién pretenden engañar? En la política, como en la vida, las casualidades de madrugada suelen ser, más bien, causalidades mal maquilladas. Lo que hoy intentó explicar el Fiscal General del Estado de Chihuahua, César Jáuregui Moreno sobre la muerte de «instructores» estadounidenses en la Sierra de Chihuahua no solo desafía la lógica, sino que insulta la inteligencia de los chihuahuenses.
Dice la Fiscalía que mientras ellos daban un golpe histórico a un meganarcolaboratorio en El Pinal, unos ciudadanos gringos andaban «volando drones» en una comunidad vecina. Y que, por pura coincidencia, se encontraron al director de la AEI y le pidieron un «aventón» a las 2 de la mañana para no perder su vuelo. ¿En serio? ¿El director de la Agencia Estatal de Investigación ahora ofrece servicio de transporte privado para la Embajada en las zonas más calientes del estado?
El problema es que el guion no está coordinado. Mientras que Johnson suelen hablar de «colaboración estrecha» e inteligencia compartida, aquí en Chihuahua se empeñan en decir que los gringos pasaban por ahí por puro hobby tecnológico. Esa contradicción no es menor; deja al descubierto que alguien está operando en las sombras sin querer pagar el costo político de admitir la intervención extranjera.
Este «raid» oficial terminó por enchilar a la presidenta con “A” pues en la Ciudad de México, el discurso de soberanía de Sheinbaum Pardo no admite que estados fronterizos jueguen al «Llanero Solitario» con agentes extranjeros. El hecho de que se mueran instructores de la Embajada en un convoy de la Fiscalía estatal, tras un operativo de drogas, le pone en bandeja de plata a la Federación el argumento de que en Chihuahua la seguridad se maneja con agendas externas.
En conclusión ante estos hechos que han sacudido la opinión pública es de trascender que en Chihuahua la seguridad se encuentra entre un Secretario de Seguridad que se va de paseo a Suecia y un Fiscal que cuenta cuentos de drones nocturnos y «raids» de madrugada, el gabinete de seguridad estatal parece tener el agua al cuello. No es solo el accidente; es la evidencia de una falta de control y una desesperación por tapar lo que ya es obvio para todos: la soberanía está empeñada y la verdad, como el vehículo del Director de la AEI, terminó desbarrancada en una cañada de mentiras.






