
Por: Sandra Dueñes Monárrez
Jalisco., a 21 de abril del 2026.- Mientras el discurso oficial habla de seguridad, la realidad en las brechas y colonias de Jalisco cuenta una historia de terror. Integrantes del colectivo Madres Buscadoras de Jalisco vivieron momentos de angustia total al ser acorraladas por un comando armado, mientras la Guardia Nacional y las fuerzas locales brillaban por su ausencia.
Todo comenzó con una esperanza: una denuncia anónima sobre una fosa clandestina en una presunta casa de seguridad en Tlajomulco de Zúñiga. Al llegar, las madres encontraron lo que la autoridad ignoró: una propiedad abierta, abandonada y con huellas de reciente actividad criminal, pero sin un solo sello de resguardo.

La labor de rastreo fue interrumpida violentamente. Nueve sujetos armados, a bordo de motocicletas y vehículos, rodearon a las buscadoras. No hubo palabras amables, solo amenazas y el frío metal de las armas amedrentando a mujeres cuya única «arma» es una pala y el amor por sus desaparecidos.
Lo más indignante no fue solo la presencia del crimen, sino el vacío del Estado. A pesar de los llamados de auxilio desesperados, las autoridades tardaron 40 minutos en reaccionar. Durante casi una hora, las madres quedaron a merced de quienes controlan la zona, ante la mirada inexistente de una Guardia Nacional que llegó cuando el peligro ya se había marchado.
«Nuestra labor no debería costarnos la vida», es el clamor del colectivo. Exigen acompañamiento permanente y una investigación real sobre el inmueble, que presenta indicios claros de ser un centro de operaciones del crimen organizado.
En México, buscar a un hijo se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Mientras las autoridades se demoran, las madres siguen excavando, enfrentándose no solo a la tierra, sino a la violencia y a una indolencia oficial que parece no tener fin.






