Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Durango, Dgo., a 13 de junio del 2026.- La fragilidad de los operativos federales contra el crimen organizado quedó expuesta esta semana cuando Leonel García, conocido como «El 40», evadió un cerco militar en el estado de Durango. Su escape no solo representa una falla técnica en la ejecución de las fuerzas de seguridad, sino que ha desencadenado una movilización masiva que ha sacudido la estabilidad de la región.

El objetivo de las autoridades era un rancho localizado en el poblado Casa Blanca, un punto estratégico en la carretera Durango–Parral. A pesar del despliegue coordinado por el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional, «El 40» —identificado como un operador clave de la facción de «Los Mayos» del Cártel de Sinaloa y líder del grupo criminal «Los Cabrera»— logró burlar el operativo a través de una salida alterna de la propiedad, dejando en evidencia las brechas en el perímetro de seguridad.

La intervención resultó en la captura de seis colaboradores y el aseguramiento de un arsenal que incluía armamento de alto calibre, vehículos con blindaje artesanal, granadas y equipo de comunicación. Sin embargo, la ausencia del principal objetivo pone de relieve la dificultad de las fuerzas federales para consolidar resultados en zonas donde el conocimiento del terreno por parte de los grupos criminales supera, en ocasiones, a la planificación operativa del Estado.

A sus 45 años, Leonel García se ha consolidado como una pieza fundamental para la operación de la facción de Ismael «El Mayo» Zambada. Como líder de «Los Cabrera», su organización ha sido el brazo operativo que permite el control de rutas críticas para el narcotráfico en la sierra que abarca Durango y Chihuahua.

Su capacidad de maniobra, demostrada en este reciente operativo, subraya la resiliencia de las estructuras criminales en el llamado «Triángulo Dorado». La huida de Leonel García ha obligado a las fuerzas federales a escalar sus acciones, recurriendo a sobrevuelos de helicópteros y patrullajes terrestres intensivos.

La situación en Durango se ha tornado volátil. La cacería de «El 40» no solo ha movilizado a las fuerzas federales, sino que ha provocado enfrentamientos directos con civiles armados y una marcada resistencia por parte de habitantes locales, lo que complica el acceso y la efectividad de los operativos. Este escenario refleja una problemática más profunda: la arraigada influencia de grupos criminales en el tejido social de las comunidades serranas, donde la línea entre la población civil y la protección criminal parece diluirse ante la presión de las autoridades.

Mientras la búsqueda continúa, la fuga de Leonel García permanece como un recordatorio crítico de los desafíos que enfrenta la estrategia federal al intentar desarticular estructuras criminales con profundas raíces territoriales y alta capacidad de respuesta operativa.