
Por: La Redacción.
Ciudad de México., a 5 de octubre del 2026.- A cuatro años de la próxima contienda presidencial, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo volvió a poner en la agenda pública la narrativa de la injerencia extranjera.
Durante su conferencia matutina de este lunes, la mandataria acusó a “grupos de la muy derecha” dentro del Gobierno de Estados Unidos de buscar un cambio de régimen en México con miras a los comicios de 2030, aunque lo hizo sin ofrecer nombres, pruebas ni detalles concretos sobre dichas operaciones.
El señalamiento se dio al ser cuestionada sobre los riesgos de intervención geopolítica en México, tras las denuncias del bloque progresista regional sobre supuestas presiones de Washington en los procesos electorales de América Latina.
A diferencia de otros momentos de tensión diplomática, Sheinbaum Pardo cuidó los equilibrios bilaterales y evitó señalar directamente al presidente estadounidense Donald Trump. En su lugar, atribuyó la supuesta embestida a sectores ultraconservadores encumbrados en la burocracia de Washington que, según sus palabras, «no quieren a México ni a los pueblos».
Este matiz le permite a la jefa del Ejecutivo mantener la narrativa de confrontación contra la «derecha internacional» para el consumo de su base electoral interna, sin romper los puentes institucionales ni tensar directamente la relación con el mandatario estadounidense.
Pese a invocar la amenaza de la derecha internacional, Sheinbaum rechazó asumir un liderazgo o rol de articulación con la izquierda latinoamericana para frenar el avance conservador en la región, marcando distancia de procesos en países como Brasil, Bolivia o Argentina. “Mi interés no es organizar a la izquierda de América Latina… Yo me concentro en México”, acotó, acotando su margen de acción al plano estrictamente local.
Analistas coinciden en que al traer al debate público la contienda electoral de 2030 a tan solo dos años de iniciado su sexenio, la mandataria busca cerrar filas al interior de su movimiento y adelantar el encuadre de la sucesión.
En el plano nacional, la presidenta aprovechó el tema para arremeter contra la oposición local, vinculándola con posturas racistas, clasistas y autoritarias, al tiempo que reafirmó que la «única defensa» de su proyecto frente a presiones externas recae exclusivamente en el respaldo popular.






