Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Chihuahua, Chih., a 18 de abril del 2026.-  La capital del estado volvió a respirar los efectos de una gestión de residuos en crisis. Este viernes, el Relleno Sanitario Municipal registró un nuevo incendio, sumando un capítulo más a la larga lista de siniestros que han marcado la administración del alcalde panista Marco Bonilla Mendoza, quien mientras la ciudad lidiaba con el humo tóxico, se encontraba cumpliendo compromisos sociales en Ciudad Juárez.

Cerca de las 20:00 horas, las alarmas se encendieron en la zona sur. El Gobierno Municipal, a través de un boletín oficial, se apresuró a minimizar el impacto, asegurando que el fuego en la celda 2 fue sofocado en apenas 45 minutos gracias a la intervención de Bomberos y Servicios Públicos.

Sin embargo, a pie de campo, la narrativa era distinta pues la diputada Brenda Ríos Prieto acudió al sitio para constatar lo que calificó como una «emergencia ambiental» desatendida. La legisladora morenista no solo denunció la precariedad técnica del lugar, sino que exhibió el vacío de autoridad en la capital: «Mientras la ciudad se quema, el alcalde anda en Juárez», sentenció la diputada, exigiendo que el Congreso del Estado deje de dilatar las soluciones y sesione en el Relleno Sanitario.

Este incidente no es un evento aislado. En lo que va de la administración de Marco Bonilla Mendoza, el Relleno Sanitario ha sufrido al menos cinco incendios de magnitud, convirtiéndose en una «bomba de tiempo» recurrente. Desde febrero de 2022 hasta este abril de 2026, los chihuahuenses han tenido que normalizar el olor a basura quemada como parte del paisaje urbano.

Más allá de la disputa política, el verdadero saldo es ambiental y de salud pública. Cada vez que el relleno arde, no solo se genera «smog»; se liberan dioxinas y furanos, compuestos químicos altamente cancerígenos que el viento esparce sobre colonias como Jardines de Oriente y Romanzza.

La quema de metano y plásticos no solo calienta la atmósfera local, sino que los residuos del combate al fuego amenazan con filtrar lixiviados al subsuelo. Es un atentado silencioso contra el ecosistema de Chihuahua que ocurre mientras la agenda del alcalde panista parece estar enfocada en la frontera como parte de sus aspiraciones por la gobernatura y no en la crisis sanitaria que emana de su propio municipio.

La pregunta que queda en el aire, tan espesa como el humo del viernes, es cuánto tiempo más los chihuahuenses seguirán pagando con su salud el costo de una solución que se posterga entre discursos y viajes.