Por: La Redacción.

Bogotá, Colombia., a 20 de noviembre del 2025.- En los últimos meses, la estrategia del presidente colombiano, Gustavo Petro, ha experimentado un notable cambio de rumbo en su enfoque hacia los grupos armados, en medio de su promesa de lograr una «paz total». Este cambio ha resultado en un aumento de los bombardeos mortales, lo que ha suscitado un intenso debate sobre las consecuencias de estas operaciones militares, especialmente en lo que respecta a la muerte de menores reclutados por grupos armados.

Analistas señalan que el giro en la estrategia de Petro es un intento de enfrentar a las guerrillas que han aumentado su poder territorial y número de efectivos. Sin embargo, el costo ha sido elevado: desde agosto, 15 menores reclutados han muerto en bombardeos en los departamentos de Amazonas, Guaviare y Arauca, según Medicina Legal. Estos menores, algunos de los cuales no superaban los 15 años, han sido víctimas en zonas con fuerte presencia de disidencias de las FARC y otras estructuras armadas.

La Defensoría del Pueblo ha expresado su preocupación, afirmando que ningún niño, niña o adolescente reclutado debería verse afectado por operaciones militares. Las operaciones del gobierno han sido criticadas por organizaciones defensoras de los derechos humanos y la comunidad internacional debido a la presencia de menores en los objetivos bombardeados.

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El presidente Petro ha defendido que sus operaciones respetan el Derecho Internacional Humanitario y ha argumentado que suspender los bombardeos incentivaría a los grupos armados a reclutar más niños y niñas. No obstante, ha pedido perdón por la pérdida de vidas menores y ha admitido llevar ese pesar en su conciencia.

El reclutamiento infantil es una práctica de larga data en Colombia, donde los grupos armados han utilizado a menores para reforzar sus filas y como escudos humanos. La violencia en las zonas rurales, la falta de presencia estatal, y la coerción sobre las familias han perpetuado este fenómeno. Según reportes, algunos de los menores recientemente fallecidos tenían apenas 12 años.

La estrategia de Petro ha sido descrita como de «zanahoria y garrote», combinando negociaciones con acciones militares contundentes. Sin embargo, este enfoque ha sido criticado por su falta de resultados claros y por el alto costo político y humanitario de los bombardeos, especialmente cuando involucran menores.

El gobierno de Petro también enfrenta presión interna por resultados en seguridad y lucha contra el narcotráfico, así como del gobierno estadounidense, que busca una política más agresiva en la región. Este contexto ha llevado a operaciones militares más intensas, aunque con crecientes cuestionamientos sobre su efectividad y ética.

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