
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 4 de abril del 2026.- La detención de Iván Arturo G.P., el transfeminicida de Mireya Rodríguez Lemus, no es solo una captura más; es el derrumbe de un muro de corrupción y desdén que duró seis años. Tras una absolución indignante en 2022 por parte de jueces que la comunidad señala como corruptos, la lucha de la Unión y Fuerza Trans logró que la Suprema Corte desechara los amparos de la defensa y devolviera la esperanza de justicia a las mujeres trans en el estado de Chihuahua.
En entrevista exclusiva, Mayté Regina Gardea, activista y amiga cercana de Mireya Rodríguez Lemus desmenuzó el calvario jurídico y la importancia de que este caso se juzgue con una sentencia ejemplar.
Mayté Regina Gardea recordó con amargura cómo hace años, tres jueces —entre ellos el juez Aram, quien actualmente enfrenta problemas internos en los juzgados— absolvieron al asesino a pesar de las pruebas contundentes. «Salió libre como si no hubiera cometido nada, ni por el robo del carro lo sentenciaron. Llevamos piñatas con sus nombres al Tribunal porque sabíamos que era corrupción», sentenció la activista.
Fue la persistencia de una apelación la que logró que las instancias correspondientes reconocieran a Iván Arturo G.P. como el responsable, echando por tierra las tácticas dilatorias de una defensa que llevó el caso hasta la Suprema Corte solo para ganar tiempo.
Uno de los puntos más reveladores de la entrevista fue la denuncia de Mayté Regina Gardea realizó sobre las trabas que enfrentan las «familias elegidas». En Chihuahua, si una mujer trans es asesinada y su familia biológica la rechazó, sus compañeras de vida no tienen derecho legal a pedir información del caso, mucho menos para exigir justicia.
«A mí no se me permite pedir justicia por ella si no es un familiar directo. En el caso de Mireya, logramos avanzar porque su padre estuvo con nosotras, hombro con hombro. Si él no hubiera estado, este caso hoy no tendría este fruto», explicó la activista y amiga de Mireya Rodríguez Lemus.
Para la comunidad, este caso debe ser el motor para que el Congreso del Estado de Chihauhua finalmente tipifique el transfeminicidio que garantice justicia a las victimas de este delito. Mayté Regina Gardea es clara: no buscan privilegios, buscan procesos que entiendan la vulnerabilidad específica que enfrentan.
«Este hecho va a marcar un precedente de un proceso diferenciado. Esperamos que los jueces que tomen el caso ahora ejecuten una sentencia ejemplar que ayude a la no repetición y frene la violencia contra nosotras», señaló.
La justicia para Mireya enciende una luz para otros casos que permanecen en la sombra, como el de Aitana en Cuauhtémoc, otra mujer trans apuñalada en pleno centro de la ciudad cuya familia y aliados siguen esperando respuesta.
«Fue un conjunto de lucha, de aliados y aliadas, de manifestaciones cada año afuera del Tribunal. Hoy, nuestra hermana Mireya finalmente puede descansar en paz», concluyó Mayté Regina con una voz que mezcla la nostalgia con la fuerza de quien sabe que la batalla apenas comienza.
En menos de siete años se han cometido 24 transfeminicidios en Chihuahua: Letra S






