
Por: La Redacción.
Ciudad de México., a 22 de febrero del 2026.- La irrupción acelerada de la Inteligencia Artificial (IA) generativa está encendiendo las alarmas en las industrias culturales. Un nuevo informe de la UNESCO advierte que, de mantenerse la tendencia actual, músicos, cineastas, escritores y otros creadores podrían perder hasta el 24% de sus ingresos en los próximos tres años. La amenaza va más allá de los ingresos. La IA puede ahogar la creación humana.
El estudio, titulado ReShaping Policies for Creativityy presentado en París, analiza datos de más de 120 países y describe un fenómeno que avanza a gran velocidad: cada día se suben a plataformas de streaming más de 50,000 canciones creadas íntegramente por inteligencia artificial.
En servicios como Deezer, el volumen de música generada por algoritmos crece de forma sostenida, mientras la mayoría de los oyentes no distingue entre la música artificial y la producida por humanos.
El informe denomina a estas obras “contenidos sintéticos generados por IA”, es decir, productos elaborados a partir de comandos automatizados, con contribución humana limitada, que imitan estilos existentes protegidos por derechos de autor y que suelen ofrecer una calidad baja o media.
La consecuencia más contundente es económica. Según las proyecciones del organismo internacional, para 2028 la música podría registrar una caída global de ingresos del 24%, mientras que el sector audiovisual enfrentaría pérdidas del 21%. La inteligencia artificial, entrenada con obras humanas, comienza a competir directamente con quienes la alimentaron con su talento.
El documento advierte además sobre el riesgo de “colapso del modelo”. A medida que los sistemas de IA se nutren cada vez más de contenido sintético —es decir, generado por otras máquinas— en lugar de obras originales creadas por personas, la calidad y fiabilidad de los resultados tiende a degradarse. El algoritmo termina aprendiendo de sí mismo, en un círculo vicioso que podría empobrecer la diversidad cultural.
La transformación digital del mercado ya es evidente. Actualmente, el 35% de los ingresos de los artistas proviene de vías digitales, el doble que en 2018. Sin embargo, esta dependencia también implica mayor inestabilidad, precarización laboral y exposición a violaciones de derechos de autor, en un entorno dominado por plataformas y sistemas de recomendación opacos.
Un mercado que crece, pero con brechas profundas
El panorama no es completamente negativo. El comercio mundial de bienes culturales se duplicó entre 2018 y 2023, alcanzando los $254,000 millones de dólares. El 46% de las exportaciones proviene de países en desarrollo, lo que refleja un dinamismo creciente en el Sur Global.
No obstante, la distribución de beneficios sigue siendo desigual. Los países en desarrollo apenas superan el 20% del comercio mundial de servicios culturales, una proporción que permanece estancada mientras el consumo digital gana terreno. La brecha tecnológica también es marcada: el 67% de la población en países desarrollados posee habilidades digitales básicas, frente a solo el 28% en naciones en desarrollo.
A ello se suma la concentración del mercado en un reducido número de plataformas de streaming que controlan la distribución global. Sus algoritmos de recomendación —descritos como poco transparentes y sesgados— tienden a invisibilizar a creadores emergentes o provenientes de contextos culturales periféricos.
Más allá de lo económico, el informe alerta sobre riesgos a la libertad artística. Solo el 61% de los países cuenta con órganos independientes de vigilancia en esta materia, y apenas el 37% dispone de iniciativas específicas para proteger a profesionales de la cultura en contextos de conflicto, inestabilidad política o desplazamiento forzado. La vigilancia digital y los sesgos algorítmicos agregan nuevas capas de vulnerabilidad.
Frente a este escenario, la UNESCO hace un llamado urgente a establecer marcos de gobernanza claros para la cultura digital y la inteligencia artificial. Las políticas públicas, señala el informe, deben equilibrar la protección de la propiedad intelectual con la promoción de la innovación tecnológica, garantizando un desarrollo ético, inclusivo y sostenible.
“El financiamiento público a la cultura sigue siendo alarmantemente bajo, inferior al 0.6% del PIB mundial”, señala el informe, subrayando que, sin políticas públicas sólidas, la diversidad de las expresiones culturales corre el riesgo de ser sofocada por la producción masiva automatizada.
La advertencia es clara: la tecnología puede ampliar el acceso y las oportunidades, pero sin reglas sólidas podría erosionar las bases económicas y creativas de quienes sostienen la diversidad cultural del mundo.






