Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Ciudad de México., a 11 de abril del 2026.- Al cierre del primer bimestre de 2026, las cifras oficiales de seguridad presentan una paradoja que las autoridades presumen como victoria, pero que las familias de las víctimas viven como una tragedia: mientras el homicidio doloso registra una baja histórica, las desapariciones y los «delitos no clasificados» se han disparado a niveles nunca antes vistos en la última década.

Según el análisis de datos comparativos de 2015 a 2026, el homicidio doloso en enero y febrero de este año se situó en 2,964 casos, lo que representa una reducción del 34% respecto al mismo periodo del año anterior. Sin embargo, al observar la radiografía completa de la violencia letal, el optimismo oficial se desmorona.

Desde 2015, los delitos que atentan contra la vida han mutado. En aquel año, México registraba 611 personas desaparecidas en el primer bimestre; para 2026, la cifra se proyecta sobre una tendencia que ha crecido un 122% en once años. La lógica es cruda: la violencia no ha desaparecido, se ha vuelto invisible.

Uno de los puntos más alarmantes del reporte es el crecimiento de los «Otros delitos contra la vida y la integridad». Este rubro, que funciona como un «cajón de sastre» para las fiscalías cuando no logran o no quieren tipificar un crimen, ha crecido un 202% desde 2015.

Este fenómeno sugiere una reclasificación de la violencia: delitos que antes eran registrados como ejecuciones o feminicidios, ahora terminan en expedientes ambiguos que maquillan la estadística nacional de inseguridad.

A pesar de la narrativa oficial sobre la protección a la mujer, el feminicidio sigue siendo una herida abierta. Aunque se reporta una ligera baja del 12% comparado con 2025, la cifra de 2026 sigue siendo un 54% más alta que cuando se iniciaron estos registros en 2015. En el primer bimestre de este año, casi un centenar de mujeres fueron asesinadas por razones de género, manteniendo la crisis en niveles de alerta roja.

Si sumamos homicidios, feminicidios, desapariciones y otros delitos contra la vida, el total de víctimas en apenas dos meses asciende a 9,187 personas. Esto significa que, en promedio, 155 mexicanos son víctimas de la violencia letal cada día.

Para los analistas y colectivos de búsqueda, la estrategia de seguridad nacional ha fallado en contener la raíz del problema, permitiendo que los grupos criminales transiten del asesinato público a la desaparición forzada, un delito que genera menos ruido mediático pero un dolor más prolongado para la sociedad pero sobre todo para las familias de las victimas.