
Por: La Redacción.
Ciudad de México., a 3 de marzo del 2026.- Lo que en 1970 y 1986 fue una fiesta del pueblo, en 2026 se ha convertido en un evento de élite. La familia Rueda —abuelo, padre e hijo— es el reflejo de miles de aficionados mexicanos que, a pesar de su devoción por el futbol, este año tendrán que ver el Mundial por televisión debido a los costos exorbitantes de la FIFA.
Para Jairo Rueda, un especialista en finanzas de 51 años, la realidad es dolorosa: «El acceso al Mundial se volvió algo clasista, elitista». Lo que antes era una tradición familiar de ir juntos al estadio, hoy es un gasto inasequible que se cotiza en miles de dólares en el mercado oficial y de reventa.
La nostalgia golpea fuerte al recordar el Mundial de México 86. Fernando, el abuelo de 86 años, recuerda cómo un compañero de trabajo le regaló abonos para tres partidos, incluyendo un México vs Irak. En aquel entonces, Jairo tenía 12 años y pudo ver en vivo la magia de Maradona y el dramatismo de Hugo Sánchez.
«En las taquillas había filas porque podías comprar los boletos el mismo día del partido», relata Jairo. Una realidad impensable en este 2026, donde la reventa digital facilita que los boletos alcancen precios estratosféricos que excluyen a la afición local.
Hoy, Emilio, de 13 años y tercera generación de futbolistas en la familia, se prepara para su primer Mundial en casa, pero con la tristeza de saber que no estará en la tribuna como lo hicieron su padre y su abuelo. Aunque Jairo aún espera un «golpe de suerte», la fe se agota ante un sistema que parece haber olvidado que el futbol es, ante todo, un deporte de masas.






