Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Ciudad de México., a 28 de junio del 2026.- A pesar de décadas de esfuerzos internacionales y multimillonarias estrategias de seguridad, el mercado mundial de drogas registra una expansión sin precedentes.

El reciente Informe Mundial sobre las Drogas 2026, presentado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), revela una realidad contundente: el consumo ha crecido un 34% en la última década, consolidando a las sustancias ilícitas como uno de los mayores desafíos para la salud y la seguridad pública global.

Al cierre de 2024, el número de consumidores de drogas alcanzó los 331 millones de personas, lo que representa el 6.2% de la población mundial de entre 15 y 64 años. Este incremento no es solo numérico, sino estructural, marcado por la prevalencia del cannabis como la droga más consumida (256 millones de usuarios) y una preocupante escalada en los trastornos por consumo, que afectaron a 63 millones de personas ese mismo año.

La UNODC advierte que el impacto en la calidad de vida es alarmante. En 2021, el consumo de drogas fue un factor determinante en la pérdida de cerca de 28 millones de años de vida ajustados en función de la discapacidad y contribuyó a casi medio millón de muertes prematuras.

Uno de los hallazgos más críticos del reporte es el cambio de paradigma en la producción. La prohibición del opio en Afganistán en 2022 generó un vacío que el mercado ha llenado con una peligrosa transición hacia los opioides sintéticos como el fentanilo, los nitazenos y las orfinas. Esta mutación hacia laboratorios químicos, que buscan alternativas a la heroína tradicional, promete transformar de manera permanente el mercado mundial, exacerbando los riesgos y daños para los consumidores.

En paralelo, la producción de cocaína ha alcanzado cifras récord, multiplicándose por cuatro en la última década, superando las 4 mil toneladas anuales. Este crecimiento ha detonado una competencia brutal entre grupos criminales, provocando niveles de violencia que, históricamente confinados a América Latina y el Caribe, hoy se expanden con fuerza hacia Europa Occidental.

El informe desnuda una falla sistémica en los sistemas de salud. A nivel mundial, solo una de cada 12 personas con trastornos por consumo de drogas tiene acceso a tratamiento. La disparidad de género es un reflejo de esta desigualdad: mientras el 13.6% de los hombres con trastornos recibía atención en 2023, apenas el 5.5% de las mujeres accedía a servicios similares.

El documento cuestiona implícitamente la eficacia del enfoque exclusivamente policial. Con 6.1 millones de contactos formales con la policía por delitos de drogas en 2023 —donde dos tercios corresponden a simple posesión o consumo—, el organismo señala que factores como la pobreza, la falta de hogar, la salud mental y la exclusión social son el verdadero motor del fenómeno.

La evidencia es clara: mientras las políticas se sigan centrando en la prohibición punitiva en lugar de abordar las causas estructurales y el acceso universal a servicios sociales, el mercado de drogas continuará mutando, diversificándose y, sobre todo, creciendo a costa de la salud pública global.