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miércoles, julio 17, 2024
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Navidad en plena guerra de Ucrania: a oscuras, sin tregua y con dos calendarios diferentes

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Tras la invasión de Putin, la iglesia ortodoxa de Ucrania ha permitido por primera vez a sus fieles celebrar el 25 de diciembre en un gesto de distanciamiento de Rusia y acercamiento a Occidente
Tras la invasión de Putin, la iglesia ortodoxa de Ucrania ha permitido por primera vez a sus fieles celebrar el 25 de diciembre en un gesto de distanciamiento de Rusia y acercamiento a Occidente

En Nochebuena, varios católicos ucranianos se reunieron para celebrar la Navidad en la Catedral Latina de la ciudad occidental de Leópolis. No había luz como consecuencia de los recientes ataques con misiles rusos a la red eléctrica del país.

Una de las feligresas, Oksana Mykhailivna, de 50 años, contó a The Guardian que su familia celebrará la Navidad dos veces este año, debido a los esfuerzos para abandonar el calendario ortodoxo –que festeja la Navidad el 7 de enero– y a otras consecuencias de la guerra.

Su marido, explicó, está ahora mismo en el este, y sus hijos iban a ir a cenar en Nochebuena y organizarían “una especie de celebración”: “Mi marido volverá antes del día 6 y entonces lo celebraremos como es debido. Pero será algo sencillo y más informal. No estamos de humor para grandes celebraciones”.

“Normalmente, en el trabajo, los compañeros compartíamos recetas. Ahora solo hablamos de ataques con misiles. Eso corta el rollo”, cuenta. Aun así, dijo la mujer, cenarán el próximo día 6, al igual que en Nochebuena, “para que se reúna toda la familia”. “Pero no va a ser como antes”, aclara.

Navidad sin tregua

Ucrania vive sus primeras navidades desde la invasión de febrero como un país totalmente transformado, cuyos habitantes volvieron a despertarse el pasado domingo, 25 de diciembre, con la alarma antiaérea en todo el país.

En el Donbás, al este, y en el sur –donde se encuentran las dos líneas del frente–, los soldados que han podido se han sentado con sus compañeros, no con sus familias, a comer las tradicionales gachas navideñas de semillas de amapola, trigo y pasas llamadas kutia.

Para muchos, sin embargo, ha sido el cuento de un conflicto sin tregua, a medida que se libraban intensos combates y Rusia seguía bombardeando núcleos civiles, incluida la ciudad sureña de Jersón, donde murieron 10 personas en Nochebuena.

La gente camina junto a un árbol de Navidad instalado en la plaza Sofiyska, en Kiev. Oleg Petrasyuk / EFE
La gente camina junto a un árbol de Navidad instalado en la plaza Sofiyska, en Kiev. Oleg Petrasyuk / EFE

Muchos civiles que se encuentran cerca de la línea del frente tienen que cocinar en hornillos o fogatas, mientras que varios en todo el país beben “café de guerra”, solo y sin azúcar.

En un vídeo dirigido a la nación a última hora del sábado, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, advirtió de que hay que aguantar el invierno, pero añadió: “Celebraremos nuestras fiestas. Como siempre. Sonreiremos y seremos felices. Como siempre. Hay una diferencia. No esperaremos un milagro. Al fin y al cabo, lo creamos nosotros mismos”.

Una cuestión politizada

Aunque algunos ucranianos intentan resaltar la apariencia de normalidad durante las fechas navideñas, la mayoría, como Oksana, describe que simplemente intenta salir adelante.

En el parque VDNG, a las afueras de Kiev, poco antes de Navidad, algunas familias se hacían selfis delante del árbol navideño, con algunos de los grandes monumentos de la era soviética en el fondo. Mientras caía la nieve, los trabajadores limpiaban la pista de patinaje vacía y los puestos preparaban aperitivos tradicionales de carne y verduras a la parrilla y calderos de vino caliente.

Alina Vlasiuk compraba dulces para su hijo Maksym, de dos años, que visitaba el parque con Serhii, el hermano de Alina. “Vivimos cerca y vinimos porque no tenemos electricidad en nuestro piso. Es mejor que estar sentados a oscuras”, dijo.

Este año, explicó Vlasiuk, su familia iba a celebrar por primera vez la Navidad el 25 de diciembre, en lugar del 7 de enero, e iba a visitar a familiares en un pueblo en lugar de quedarse en Kiev.

La realidad es que incluso la fecha de celebración de la Navidad se ha convertido en una cuestión profundamente politizada en plena guerra. Durante siglos, los ucranianos han celebrado la Navidad el 7 de enero, fecha de la natividad según el calendario juliano. Pero tras la invasión de Vladímir Putin en febrero, la iglesia ortodoxa de Ucrania ha permitido por primera vez a sus fieles celebrar la Navidad el 25 de diciembre, en un gesto de distanciamiento de Rusia y acercamiento a Occidente.

Árboles y refugios en el metro, decorados

“Tenemos miedo de quedarnos a celebrarla aquí en la ciudad porque nos preocupa que los rusos puedan montar una provocación durante las fiestas”, dijo Vlasiuk a The Guardian.

El riesgo de ataques rusos ha obligado a cancelar los mercados navideños en la plaza Sofiivska de Kiev, donde al menos se ha colocado un árbol. También se ha erigido un árbol en la principal estación de trenes de Kiev después de las deliberaciones del alcalde, Vitali Klitschko, y el Ayuntamiento. El propio Klitschko –como muchos ucranianos–pasa este año separado de su familia, que se encuentra en el extranjero.

En algunas de las estaciones de metro utilizadas como refugios antibombas, han intentado colocar adornos para las familias obligadas a esconderse durante los bombardeos.

En uno de esos metros céntricos, no muy lejos de la plaza de la Independencia (Maidán), las hermanas Svitlana y Olha Verbyshchuk estaban sentadas en un escalón cantando canciones navideñas y folclóricas al compás de una bandura, el instrumento de cuerda tradicional ucraniano.

“Intentamos que la gente no pierda la moral”, dijo Svitlana, y aseguró que este año apenas celebrarán las fiestas. En su lugar, las hermanas iban a cocinar comida para repartirla entre las tropas. “No será como antes de la guerra. Rezaremos por nuestros soldados y trabajaremos como voluntarias” el 7 de enero, al igual que el 25.

Un famoso villancico

Algunas tradiciones lograron sobrevivir antes de la Navidad. Entre ellas, un servicio de villancicos en la catedral de Santa Sofía con el Coro de Cámara de Kiev. En un ensayo para esa actuación, el coro ensayaba Shchedryk –conocida en inglés como Carol of Bells–, una canción de la tradición kolyadka popularizada hace un siglo por el compositor Mykola Leontovych y luego adaptada con nueva letra en inglés.

Se trata de una canción basada en una melodía evocadora de cuatro notas, que se ha convertido en un sobrecogedor símbolo musical de la guerra en Ucrania interpretado en todo el mundo.

Entre los cantantes estaba Mykola Hobdych, fundador del coro. Como muchos ucranianos, planea donar a las tropas que luchan en el frente el dinero que normalmente habría gastado en las fiestas. “Este año solo rezo para que haya luz”, dijo. “Vivo en un 22º piso de un bloque de apartamentos. Cuando llego a casa miro si las luces están encendidas para saber si el ascensor funciona. La electricidad significará comidas calientes y que los amigos y familiares mayores puedan venir”.

“Ahora nuestra vida es muy sencilla”, apuntó Taisiia Iurevia, directora del coro. “Al menos ahora el coro puede cantar unido. Al principio de la guerra estaban repartidos por diferentes ciudades, incluso diferentes países”.

Natalia Gromova, profesora de Historia y etnógrafa de la Universidad Nacional Taras Shevchenko de Kiev que estudia las tradiciones populares, considera que al menos parte de la inversión cultural en las tradiciones navideñas es una reacción a la secularización de la era soviética.

Sin embargo, se siente contrariada por el hecho de que el patriarcado ortodoxo ucraniano haya andado con rodeos sobre la cuestión de qué día celebrar la Navidad, sugiriendo que quienes desearan celebrarla el 25 de diciembre en lugar del 7 de enero podían hacerlo: “No entiendo por qué la Iglesia no es más contundente. Han sido muy blandos cuando deberían ser más firmes”.

Gromova espera poder pasar las navidades como suele hacerlo, llevando una grabadora y visitando las comunidades de los Cárpatos para sus investigaciones. “Me gustaría ir, pero quién sabe si circularán los trenes”, lamenta.