Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Chihuahua, Chih., a 7 de marzo del 2026.- El grito de los Guerreros Buscadores de Jalisco no es solo un reclamo de empatía; es una denuncia de guerra. Al exigirle a la Presidenta de la República Claudia Sheinbaum Pardo que “abra su corazón”, el colectivo pone sobre la mesa una cifra que hiela la sangre: más de 12,500 personas desaparecidas en Jalisco, el epicentro de una tragedia nacional que tiene un nombre propio detrás del terror: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

El colectivo ha sido tajante al desmentir la narrativa oficial. Mientras desde los escritorios de la capital se habla de «campos de adiestramiento», las madres que entierran las palas en la tierra afirman que lo que encuentran es violencia extrema y muerte sistemática.

La vinculación de estas desapariciones con el CJNG es un secreto a voces que las autoridades evitan pronunciar. Con más de 12 mil familias buscando a los suyos en una sola entidad, el intento de «minimizar» los hallazgos se convierte en una bofetada para las víctimas. «No se le mienta a las víctimas, diga la verdad completa», reza el comunicado, señalando que el control territorial del cártel se alimenta del silencio y la omisión institucional.

La prueba de fuego para la administración federal es ineludible. Al pedirle a la Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo que escuche a las familias, los buscadores están pidiendo que se reconozca que el Estado ha perdido terreno frente al crimen organizado. En Jalisco, la cifra de 12,500 desaparecidos no es un número; es el testimonio de un sistema que, al preferir el refugio de los discursos antes que la verdad de las fosas, termina siendo cómplice del olvido.