Por: Sandra Dueñes Monárrez. 

Chihuahua, Chih., 8 de marzo del 2025.- En plena conmemoración por el Día Internacional de las Mujeres, el Gobierno del Estado de Chihuahua no solo amplió el perímetro de vallas metálicas para resguardar el Museo Casa Chihuahua y el Palacio de Gobierno, sino que este se extendió hasta la plaza Hidalgo donde desde se encuentra el antimonumento emblemático de la Cruz de Clavos.

Es así que, luego de más de 30 años de haber sido colocada frente a Palacio de Gobierno, la Cruz de Clavos permanecerá aislada, alejada del tumulto de mujeres que cada 8 de marzo salen a las calles a recriminar la violencia de género en sus múltiples modalidades.

El peso histórico de la Cruz de Clavos se encuentra marcado por el amago recuerdo de las mujeres en Chihuahua desde donde se alzaron las primeras voces contra el homicidios de mujeres otorgandole nombre y apellido a la violencia de género.

Tan fuerte retumbó el grito de las mujeres y tan pesado fue el impacto de erigir esta Cruz de Clavos que incomodó no solo al Gobierno, sino a los grupos del crimen organizado que intentaron removerla y los trabajadore que la construyeron fueron agredidos.

En silencio, la Cruz de Clavos ha sido no solo testigo sino que ha acompañado el dolor de madres y mujeres en la búsqueda de justicia como Marisela Escobedo quien fue asesinada a las puertas de Palacio de Gobierno.

Los clavos de hierro que forman parte de su estructura representan las vidas de las mujeres víctimas de feminicidio y que a lo largo de más de tres decádas en que ha permanecido erigida se han ido sumando con más nombres de mujeres que han sido asesinadas en medio de un atroz silencio e impunidad del Estado mexicano.

La Cruz fue erigida en 2001 por el Grupo Feminista 8 de Marzo, como una forma de protesta contra los feminicidios que se venían presentando en el estado desde inicios de los años 90s, principalmente en ciudad Juárez, pero también en Chihuahua capital.

Esta violencia contra mujeres de todas las edades atrajo la atención de la sociedad civil y de organismo internacionales y se conoce en la memoria colectiva como “Las muertas de Juárez”.

Como protesta, la Cruz de Clavos no fue bien recibida por el gobierno del estado, que la retiró al poco tiempo de que se puso. Pero pocos meses después, el grupo 8 de Marzo instaló una nueva cruz, esta vez de manera definitiva.

En un artículo publicado en 2010, Irma Campos, una de las fundadoras del grupo 8 de Marzo, agradeció a los trabajadores que elaboraron las cruces, y recordó las dificultades que tuvieron que enfrentar, especialmente cuando construían una segunda cruz para instalarse en ciudad Juárez.

“Sí hubo entereza, demostrada cuando los trabajadores confeccionaban Ia segunda cruz –Ia que hoy está en el puente fronterizo- y fueron agredidos por un grupo armado con armas largas de hombres enmascarados que aprovecharon la noche para intentar doblegar la solidaridad humana con una causa jurídica y moralmente irrefutable”, dijo.

Así que la Cruz de Clavos en el centro de Chihuahua y su gemela en el cruce fronterizo de Ciudad Juárez enfrentaron oposición por parte del gobierno y por parte del crimen organizado. Sin embargo, con gran tenacidad, los grupos feministas y los hombros que colaboraron lograron que ambos antimonumentos se mantuvieran en pie.

Irma Campos Madrigal y Jaime García Chávez en su publicación de 2010 explicaron que “cada clavo en la cruz representa una mujer asesinada y se consigna su nombre en los casos donde la víctima ha sido identificada”.

Además, de acuerdo a los activistas, en la cruz “se han colocado diferentes obras: una parte del Guernica de Picasso, donde se observa a una madre llorando por la pérdida de su hija o hijo; un fotograma de “Los olvidados” de Luis Buñuel, el óleo “El grito” de Francisco Toledo el cual representa la verdad, el no quedarse en silencio ante la impunidad, entre otras

Es así que la “Cruz de Clavos” es una obra de arte colectiva que refleja el dolor e invita a la reflexión sobre la violencia que han sufrido las mujeres víctimas de la violencia feminicida y la ausencia de un sistema que las proteja.

Desde su instauración, se ha convertido en un espacio de expresión pública, rodeandose de mantas, letreros y otras cruces que denuncian más casos de violencia e injusticia padecida por hombres y mujeres de nuestra ciudad y nuestro estado.