Por: La Redacción.

Ciudad de México., a 28 de marzo del 2026.- Mientras el mundo cuenta los días para que el balón ruede en la inauguración del Mundial 2026, hay miles de familias en México que no cuentan días, sino ausencias. Para ellas, el Estadio Azteca no es un templo del fútbol, sino un recordatorio de que el presupuesto fluye para estadios y turistas, pero se congela cuando se trata de buscar a sus hijos.

Con la consigna “No jueguen con nuestro dolor”, colectivos de madres buscadoras se alistan para irrumpir en la fiesta internacional. Su advertencia a la afición extranjera es cruda y directa: «Díganles que si alguno viene y desaparece, no lo van a encontrar… porque aquí no hay recursos para buscar».

Para Vanessa Gámez, madre de Ana Ameli, desaparecida en el Ajusco a los 19 años, la Copa del Mundo es un escaparate de hipocresía. Si Ameli no hubiera desaparecido mientras hacía senderismo, quizás hoy estaría comprando un boleto. «En nuestras casas hay sillas vacías, hay comedores que los siguen esperando. No sabemos si comen, ni siquiera sabemos si están vivos», relata con una voz que mezcla el cansancio con la furia.

El caso de Olin Hernando Vargas, un estudiante de la UNAM de 24 años secuestrado a solo 15 kilómetros del Coloso de Santa Úrsula, expone la crisis institucional. Su padre, Fernando Vargas, denuncia que mientras se invierten millones en infraestructura mundialista, el Centro de Identificación Forense sigue siendo una promesa incumplida.

Detrás de la algarabía de la FIFA, los números en la capital del país son una hemorragia que no se detiene:

  • 711 reportes de desaparición solo en los primeros tres meses de 2026.
  • 3 personas desaparecen, en promedio, cada día en la CDMX.
  • 6,016 historias sin final feliz acumuladas en los registros oficiales.

Sandra Delia Ojeda, madre de Olin, hace un cálculo que eriza la piel: «Si tratáramos de darle un lugar a nuestros desaparecidos en el Estadio Azteca, no caben. Necesitaríamos dos estadios para sentar a todos los que nos faltan».

Las familias no buscan cancelar el torneo, sino visibilizar que bajo el pasto recién cortado hay una crisis de impunidad del 100%. Su plan para la inauguración es simple pero poderoso: vestir de blanco y pedir a quienes pagaron miles de pesos por un boleto que sostengan, aunque sea por un momento, la ficha de búsqueda de un desaparecido.

Para estas madres, el Mundial no es un juego; es la última oportunidad de que el mundo voltee a ver que en México, la vida de un hijo vale menos que un gol de apertura.

Con información de Proceso.

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