Por: Estela Melka Ben-Ami.

Barcelona, España., a 18 de abril del 2025.- En una intervención cargada de simbolismo histórico y misticismo, la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, se presentó ante la IV Cumbre en Defensa de la Democracia no solo como mandataria, sino como portavoz de una herencia milenaria. «Vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli y de Coatlicue», afirmó al inicio de un discurso que fusionó la identidad nacional con una propuesta de paz global.

Sheinbaum hiló un relato que recorrió la historia de México, desde la abolición de la esclavitud de Hidalgo hasta la resistencia de Zapata y Villa. Destacó especialmente la figura de Benito Juárez y el principio del respeto al derecho ajeno, vinculándolo con la situación actual de Cuba, donde exigió el fin de cualquier intervención militar.

«Vengo de un pueblo que decidió romper su historia de machismo y eligió a su primera mujer Presidenta, para que llegáramos todas», sentenció, arrancando aplausos al recordar el hito histórico de 2024.

Uno de los momentos más tensos de su discurso fue cuando cuestionó el concepto de libertad que defienden los sectores conservadores:

“¿Cuál libertad? ¿La del mercado sin Estado, que convierte a muchos en nada y a pocos en mucho? No. La libertad es palabra vacía si no la acompaña la justicia social”.

Reiterando su propuesta ante el G20, Sheinbaum llamó a las naciones a una acción concreta y «sencilla»: destinar el 10% del gasto mundial en armamento para financiar el programa de reforestación más grande de la historia. «En vez de sembrar guerra, sembremos vida», propuso, buscando cambiar la narrativa de la seguridad global por la de la supervivencia ambiental.

Al cerrar, la Presidenta extendió la invitación formal para que la próxima cumbre se realice en suelo mexicano, bajo la premisa juarista de «Con el pueblo todo, sin el pueblo nada», reafirmando que la democracia real debe ser la del pueblo y no la de las élites.