Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Chihuahua, Chih., 23 de octubre de 2026 — La cortina de humo y la diplomacia de dientes para afuera entre la Federación y el Palacio de Gobierno de Chihuahua saltaron por los aires. En plena «Conferencia del Pueblo», la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo rompió el protocolo y desnudó los pormenores del tenso cara a cara que sostuvo en el aeropuerto de Ciudad Juárez con la gobernadora panista María Eugenia Campos Galván: un encuentro cerrado a gritos, reclamos cruzados de «traición a la patria» y una descarada maniobra donde la mandataria estatal terminó «entregando» a su exfiscal general, César Jáuregui Moreno, acusándolo de corrupción y casinos con tal de eximirse del escándalo.

Sin matices ni rodeos, la presidenta confirmó que la reunión no tuvo nada de tersa. Tras la insistencia y los reclamos públicos de María Eugenia Campos Galván, ambas se sentaron en un privado del aeropuerto de Ciudad Juárez.

«Inició la conversación reclamándome… Hubo gritos, sí, levantamos la voz en algún momento las dos», confesó Sheinbaum ante la prensa nacional.

Según el relato de la mandataria federal, Campos Galván le encaró y le recriminó el por qué se le acusaba en la Mañanera de atentar contra la Ley de Seguridad Nacional tras la irrupción no autorizada de agentes extranjeros en territorio chihuahuense, operativo que devino en la tragedia de El Pinal. La respuesta de Sheinbaum Pardo fue tajante: el asunto no era un ataque político, sino una franca violación a la soberanía que tenía que investigarse hasta las últimas consecuencias.

Urgida de apagar el fuego constitucional que la acorralaba, la respuesta de la gobernadora de Chihuahua dio un giro inesperado que reconfiguró todo el mapa político del PAN en el estado. Al verse acorralada por el señalamiento de la entrada indebida de agencias estadounidenses, Campos Galván sacrificó a su brazo derecho en materia de seguridad.

«Ella me dijo: ‘No fui yo, fue mi exfiscal’. Pero no solo me dijo eso; me dijo que habían encontrado corrupción que había cometido el exfiscal, me dijo que el exfiscal tiene casinos… que eso habían encontrado ellos cuando lo movieron», reveló con detalle la presidenta Sheinbaum Pardo.

Ante el catálogo de acusaciones del fuero común y la confesa red de presunta corrupción interna que la propia gobernadora admitió haber descubierto al interior de su administración, la presidenta de la República le dio una indicación: «Procede como debe proceder cualquier ciudadano… ¿Por qué no procede la Fiscalía de Chihuahua y, si te parece, le comento a la fiscal general para que te reciba?».

La revelación presidencial conecta algunas de las piezas del rompecabezas que hoy mantiene a César Jáuregui Moreno encarcelado en el Penal Federal del Altiplano por traición a la patria y procesado localmente por ejercicio ilegal del servicio público. Pues fue la propia gobernadora de Chihuahua quien tejió el puente de enlace con la FGR encabezada por Ernestina Godoy Ramos, entregando los insumos que sirvieron de mecha para acorralar jurídicamente al exfiscal.

Con esta declaración, la narrativa de la «persecución política centralista» esgrimida por la defensa de Jáuregui Moreno queda seriamente fracturada. La bomba soltada desde la conferencia matutina demuestra que las acusaciones no nacieron únicamente en la capital del país, sino que se alimentaron directamente desde el despacho principal de Palacio de Gobierno en Chihuahua, en un intento desesperado de la cúpula panista del grupo que encabeza María Eugenia Campos Galván por esquivar el impacto directo del CIA-Gate.