
Por: Sandra Dueñes Monárrez
Chihuahua, Chih., a 26 de febrero del 2026.- En Chihuahua, el Gobierno del Estado se llena la boca hablando de sus paisajes, de la majestuosidad de sus barrancas y de la riqueza de su cultura milenaria. Pero detrás de la postal turística, en el corazón de la Sierra Tarahumara, se gesta una tragedia humana que preferimos ignorar porque no genera votos, solo lágrimas: el suicidio de nuestros jóvenes indígenas y rurales.
Los datos que hoy revelamos en Chihuahua Minuto a Minuto son un bofetón de realidad. No estamos hablando de números en una tabla de Excel; estamos hablando de adolescentes de 15 años en Bocoyna, de madres jóvenes en Guachochi y de hombres trabajadores en Carichí que han decidido que la vida ya no tiene sentido en un lugar donde el hambre, la falta de oportunidades y el olvido institucional son el pan de cada día.
Suicidios en la Sierra Tarahumara revelan crisis de salud mental sin precedentes
¿De qué sirve el progreso si no llega a la mente y al corazón de quienes más sufren?
Es indignante ver cómo se gastan millones en publicidad oficial, en «rebranding» de imagen y en eventos de relumbrón, mientras en comunidades como Carichí o Guazapares, una persona con depresión no tiene a quién recurrir. En la Sierra, la salud mental es un lujo que nadie puede pagar. No hay psicólogos bilingües, no hay brigadas de contención emocional, no hay esperanza.
El sistema de salud estatal le ha fallado a la Sierra. Atender un intento de suicidio en un hospital de la capital es solo poner un parche sobre una herida que ya se infectó. La verdadera prevención se hace allá, en el campo, en la lengua de nuestra gente, entendiendo que el aislamiento geográfico no debe significar aislamiento humano.
Cada vez que un joven en la Tarahumara elige la «puerta falsa», una parte de Chihuahua muere con él. Es hora de que el Gobierno deje de mirar hacia el norte y voltee al sur profundo, donde el silencio de los pinos es interrumpido por el llanto de familias que entierran a sus hijos antes de tiempo.
La salud mental en la Sierra no es una opción, es una emergencia humanitaria. Y mientras no se trate como tal, la sangre de estas tragedias seguirá manchando los escritorios de quienes, desde la comodidad de sus oficinas, han decidido que la Sierra puede esperar. Nosotros decimos que ya no.






