Por: La Redacción.

Ciudad de México., a 26 de marzo del 2026.-  Organizaciones ambientalistas, encabezadas por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), denunciaron que el desastre ecológico que hoy asfixia las costas de Veracruz y Tabasco no es un incidente reciente, sino un derrame que inició desde febrero en aguas de Campeche con el presunto conocimiento de las autoridades federales.

A través de un análisis de imágenes satelitales, las ONG sostienen que el vertido de hidrocarburos comenzó entre el 11 y el 17 de febrero cerca de la plataforma Abkatún. Según la denuncia, la mancha alcanzó inicialmente 19.3 millas cuadradas, expandiéndose posteriormente hasta contaminar 391.5 millas de litoral debido a una «contención insuficiente y opacidad informativa» por parte del Gobierno de México.

El reporte técnico de las organizaciones detalla que desde el 6 de febrero se detectó una embarcación en la zona realizando descargas menores, las cuales se intensificaron el día 11. Para el 13 de febrero, el derrame era plenamente visible; sin embargo, las maniobras de contención ejecutadas por al menos cinco embarcaciones oficiales no lograron frenar el avance del crudo.

Las agrupaciones civiles acusan que no se activaron los protocolos del Plan Nacional de Contingencia vigente desde 2023, y exigen que la Secretaría de Marina (SEMAR) y la ASEA expliquen por qué no se emitió una alerta temprana a las poblaciones costeras.

Por su parte, el Gobierno de México anunció una partida de más de dos millones de dólares para resarcir daños y aseguró que se han recolectado 128 toneladas de residuos. No obstante, las autoridades federales han desestimado las pruebas presentadas por organizaciones como Greenpeace, negando que las capturas difundidas correspondan a imágenes satelitales reales y manteniendo abierta una «investigación técnica».

Mientras el debate técnico continúa en la capital, en Tabasco la realidad es distinta. Aunque el gobierno estatal afirma que el producto marino de la Laguna Mecoacán es apto para el consumo, las ventas en zonas turísticas como El Bellote y Puerto Ceiba se han desplomado.

Pescadores y familias que dependen de la venta de mariscos reportan pérdidas críticas en sus ingresos. A pesar de los esfuerzos de limpieza, las manchas oscuras siguen presentes en cuerpos de agua clave, sembrando la desconfianza entre los consumidores y poniendo en jaque la economía regional del sureste mexicano.