Por: Sandra Dueñes Monárrez

Chihuahua, Chih., a 29 de marzo del 2026.- México se prepara para el «grito» en el Estadio Azteca, pero hay otro grito que las autoridades han intentado silenciar con vallas, pintura fresca y presupuestos millonarios: es ese grito incómodo de las madres que buscan a sus hijos entre la maleza de un país que se desmorona por la violencia de los cárteles de la droga, cobijados por la impunidad y la indolencia.

Porque mientras los muertos no sean los míos, ni los desaparecidos sean personas de la cúpula de poder, ¿qué más da si un joven que busca un mejor futuro desaparece? ¿Quién lo busca, sino su madre, quien con sus manos desgarra la tierra porque su corazón ya está desgarrado por el dolor de la ausencia?

Es así que, mientras la FIFA presume sus estadios de primer mundo y la CDMX se pone su mejor «maquillaje» para recibir a miles de turistas, la realidad nos escupe en la cara una cifra que debería detener cualquier balón: 8.3 personas desaparecen cada día en la capital del país tan solo en este inicio de 2026.

¿Cómo podemos celebrar la fiesta del Mundial cuando hay miles de sillas vacías en hogares de familias a las que les arrebataron la paz? Familias que no buscan culpables, sino solo saber dónde están sus hijos para dejar de vivir un duelo interminable que les arrebata la vida, mientras el mundo gira a su alrededor como si no importara el dolor de una madre.

Los políticos hablan de empatía y se llenan la boca al hablar de políticas públicas y de disminución de la violencia armada, pero lo que no se dice es que a los muertos ya no los encontramos tirados en la calle; ahora son ocultados en fosas clandestinas, en cerros, en casas abandonadas o en tiraderos, como si la dignidad humana no valiera nada.

Es insultante ver cómo fluyen los recursos para la infraestructura mundialista mientras el Centro de Identificación Forense sigue siendo una promesa colgada en el perchero de la burocracia. Para el Gobierno, parece ser más importante que el césped esté perfecto a que una madre tenga una pista certera para encontrar a su hijo.

La advertencia de las familias buscadoras a la afición internacional es cruda, pero honesta: «Si vienes y desapareces, no te van a buscar, porque aquí no hay recursos». Es el «Bienvenidos a México» que no aparece en los folletos turísticos, pero que se vive en los cerros del Ajusco y en los ministerios públicos donde la impunidad roza el 100%.

Si en la inauguración del Mundial tratáramos de sentar a todos los desaparecidos de México en el Estadio Azteca, necesitaríamos dos colosos de Santa Úrsula para darles espacio. Esa es la magnitud de nuestra tragedia nacional.

Hoy, en Plumas Rotas, nos sumamos al llamado de estas familias. No se trata de arruinar una fiesta; se trata de no permitir que la fiesta nos haga olvidar que México es un país que entierra su futuro mientras celebra un juego.

Este 11 de junio, cuando el mundo vea hacia el Azteca, que no vea solo el espectáculo; que vea también las playeras blancas y los rostros de quienes no llegaron al partido porque el Estado les falló. Porque mientras falte uno, no hay nada que festejar.

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