Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Chihuahua, Chih., a 29 de abril del 2026.- La gobernadora María Eugenia Campos Galván no solo le cerró la puerta al Senado, sino que le tiró la chapa en la cara a la bancada de Morena. En un tono cargado de sarcasmo y acidez propio de la mandataria panista cuestionó la autoridad moral de quienes pretenden llamarla a cuentas por el «caso CIA», revelando una verdad que hoy quema en Palacio Nacional ya que sus principales perseguidores políticos están en la «Lista Roja» de los Estados Unidos por sus vinculos con el Cártel de Sinaloa, mismos a quienes se les atribuye la propiedad del mega narcolaboratorio localizado en el corazón de la Sierra Tarahumara.

Tras inaugurar un centro para niños tutelados con daños neurológicos y psiquiátricos derivados de la violencia del crimen organizado, la gobernadora aprovechó para soltar el golpe. Con una voz que mezclaba indignación y burla, María Eugenia Campos Galván dejó claro que no piensa sentarse a «conversar» con quienes, según el Departamento de Justicia de EE.UU., tienen nexos con el Cártel de Sinaloa.

«¿Ya ven cómo iba a ir yo a comparecer? Quienes me pedían comparecer están en esta lista roja del Gobierno de los Estados Unidos… ¡vayan dándose cuenta quién es quién!», disparó la mandataria, haciendo clara alusión al senador Enrique Inzunza y al grupo que ha impulsado el juicio político en su contra.

Para Campos Galván, la petición de comparecencia es un «teatro» orquestado por personajes que hoy enfrentan la posibilidad de cadena perpetua en Nueva York. La gobernadora fue enfática en que su prioridad es atender las secuelas que el narcotráfico deja en las familias chihuahuenses, y no seguirle el juego a una clase política que, según sus palabras, está señalada por colaborar con los mismos grupos que dañan a los niños.

Al ser cuestionada nuevamente sobre la participación de agentes extranjeros, Maru se mantuvo firme en que la reunión del operativo fue «transparente y cordial», pero recalcó que el verdadero foco de atención nacional no debería estar en Chihuahua, sino en la infiltración criminal que hoy exhibe a la cúpula de Morena en Sinaloa.

Con esta declaración, Campos Galván no solo se zafa del citatorio en el Senado, sino que posiciona a sus críticos como reos potenciales de la justicia internacional, cambiando la narrativa de «acusada» a «fiscal de la moral pública».