
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 7 de mayo del 2026.- La crisis política que sacude al Congreso de Chihuahua ha alcanzado un nuevo punto de ebullición donde el coordinador de la bancada del PRI, Arturo Medina Aguirre, lanzó una dura contraofensiva frente a las declaraciones de su homólogo morenista, Cuauhtémoc Estrada Sotelo, calificando de «cobarde y doble cara» la postura del partido oficialista tras el polémico desalojo de jóvenes manifestantes en el recinto legislativo.
Para el liderazgo priista, el incidente no es un hecho aislado, sino el síntoma de una «incongruencia aguda» que define la gestión de la izquierda en el estado.
En un análisis que trasciende el intercambio de insultos, Medina Aguirre describió la respuesta de Estrada Sotelo como una manifestación de «ira» preocupante para la estabilidad institucional. «No hay mucho que discutir con un iracundo», sentenció el líder del tricolor, centrando su narrativa en un hecho que califica como «clarísimo»: fueron las y los diputados de Morena quienes, mediante gritos y señas despectivas, presionaron para la expulsión de ciudadanos de la denominada «Casa del Pueblo».
Este choque de versiones pone de relieve una disputa por la interpretación de la Ley Orgánica del Congreso. Mientras Morena señala a la mesa directiva (de extracción priista) como la mano ejecutora, el PRI argumenta que el origen de la represión fue la coacción política ejercida desde la bancada guinda, desplazando la responsabilidad del acto administrativo hacia el impulso ideológico.
La crítica de Medina Aguirre se expandió hacia un cuestionamiento sistémico de Morena, vinculando el suceso en el Congreso con un patrón de conducta nacional donde el coordinador priista evocó episodios de represión contra la «Generación Z», el acoso a creadores de contenido críticos y la descalificación sistemática de los productores del campo.
Bajo esta óptica, el desalojo en el Congreso de Chihuahua se inserta en una narrativa de «persecución selectiva» contra cualquier voz disidente. Para el PRI, el enojo de Morena es el reflejo de un proyecto político que se siente acorralado por una opinión pública cada vez más escéptica ante los resultados de seguridad y los persistentes señalamientos de vínculos con estructuras criminales.
«Están muy enojados porque se les está cayendo el changarro», remató Medina Aguirre, sugiriendo que la «Línea Dura» adoptada por Morena es una reacción ante la pérdida de control de la narrativa social. Al invocar el «repudio del pueblo de Chihuahua», el PRI busca capitalizar el descontento ciudadano, transformando un incidente parlamentario en un juicio sumario sobre la ética del poder.
En un México donde la polarización es la moneda de cambio, el enfrentamiento en el Congreso de Chihuahua se consolida como el laboratorio de una guerra electoral anticipada, donde la soberanía, la libertad de expresión y los nexos con el crimen organizado son las armas principales de una batalla que apenas comienza.






