Por: Estela Melka Ben-Ami.

Washington D.C., a 8 de mayo del 2026.-  En un despliegue de retórica que desmantela décadas de protocolo diplomático, el presidente Donald Trump aseguró este viernes que el Estado mexicano ha claudicado frente al crimen organizado. Durante un evento en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense afirmó que «los cárteles gobiernan México, y nadie más», una declaración que no solo pone en duda la legitimidad del gobierno de Claudia Sheinbaum, sino que prepara el terreno para una posible incursión militar en territorio soberano.

Las palabras de Trump no son aisladas. Se producen apenas 48 horas después de que advirtiera que, si la administración de Sheinbaum no logra «hacer su trabajo» para detener el flujo de fentanilo —que cobra la vida de 200,000 estadounidenses al año—, Estados Unidos tomará las riendas de la operación. «Verán cómo continúa bajando (el tráfico), porque lo vamos a detener nosotros», sentenció el republicano, reafirmando su decisión de clasificar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas.

Desde la Ciudad de México, la respuesta de la presidenta Sheinbaum ha sido cautelosa pero firme, apelando al respeto mutuo y a la soberanía nacional. Sin embargo, la narrativa de «colaboración» que defiende el Palacio Nacional se ha visto severamente debilitada por eventos recientes que sugieren una fractura en el control territorial.

El operativo antidrogas en Chihuahua el pasado abril —donde la participación de agentes de la CIA sin notificación al Gobierno Federal mexicano fue evidente— y la reciente imputación del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por parte de un tribunal estadounidense, han alimentado la percepción en Washington de que el gobierno de Morena está infiltrado o superado.

Para la administración Trump 2.0, el combate al narcotráfico ha dejado de ser un asunto de salud pública para convertirse en una prioridad de seguridad nacional con tintes de guerra exterior. Al señalar que el 97% del tráfico marítimo ha sido contenido, Trump ha puesto el foco exclusivamente en la frontera terrestre, convirtiendo a México en el campo de batalla de su principal promesa de gobierno.

El cruce de declaraciones llega en un momento de vulnerabilidad política para México, donde la captura de instituciones locales por el crimen organizado —como se ha denunciado en Sinaloa y Chihuahua— sirve como el argumento perfecto para que la Casa Blanca justifique lo que muchos temen: el fin de la diplomacia y el inicio de una intervención directa.