Por: Sandra Dueñes Monárrez

Chihuahua, Chih., a 11 de mayo del 2026.- Mientras el resto del país se sumerge en el júbilo del Día de las Madres entre flores y banquetes, un contingente de 46 familias chihuahuenses se plantó este domingo en el asfalto de la Avenida Reforma para recordar una realidad que el Estado prefiere administrar en silencio: en México, la maternidad también se ejerce desde la búsqueda y el reclamo de justicia.

Por decimocuarta ocasión, la Marcha de la Dignidad Nacional no solo fue una protesta; fue un recordatorio de la parálisis institucional. Este año, Chihuahua no solo participó; encabezó la columna de dolor que une al norte con el sur del país.

Desde el pasado 8 de mayo, madres provenientes de Cuauhtémoc, Parral, Jiménez y la capital del estado emprendieron un viaje de más de mil kilómetros. No buscaban una celebración, sino respuestas que no llegan en sus comunidades de origen. Acompañadas por el Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM) —baluarte de esta movilización desde su origen en 2012—, estas mujeres transformaron la geografía del abandono en una vanguardia de exigencia ciudadana.

El simbolismo fue brutal. Las madres de Chihuahua, un estado donde la desaparición ha sido una herida abierta durante décadas, marcaron el paso de una movilización que culminó a los pies del Ángel de la Independencia.

Bajo la sombra del Mundial de Futbol 2026, que ya dicta la agenda estética del gobierno federal, el reclamo de las buscadoras adquirió un tono de urgencia política. Con más de 130 mil personas desaparecidas registradas oficialmente y una crisis forense que mantiene a miles de cuerpos en el anonimato, la consigna «No es día de fiesta, es de lucha y protesta» dejó de ser un eslogan para convertirse en una acusación directa contra la gestión de la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Las familias del Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México (MNDM) fueron claras en sus demandas:

  • Búsquedas en vida, no solo el rastreo de fosas que se vuelve rutinario.
  • Transparencia radical en los registros nacionales, rechazando cualquier intento de «maquillaje» estadístico.
  • Identificación forense inmediata, para que las 8 familias de La Norteña y miles más en el país dejen de vivir en el limbo.

Para el ojo crítico, la marcha de este 10 de mayo revela una fractura social insalvable: mientras las instituciones se enfocan en la «buena apariencia» internacional, las madres chihuahuenses se ven obligadas a profesionalizarse en el peritaje, la abogacía y la protesta callejera.

La jornada cerró con una promesa que resuena con la fuerza de un decreto: no habrá tregua hasta que el Estado acepte la asistencia internacional y la «barbarie» se detenga. Porque para estas madres, el 10 de mayo es, ante todo, un recordatorio de lo que les ha sido arrebatado.