Por: Redacción.

Ciudad de México., a 14 de junio del 2026.- Mientras el ambiente político arde por las imputaciones judiciales contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y la sombra de los aliados de Morena en la mira de la justicia estadounidense, los funcionarios de ambos países decidieron reunirse para hacerse cariñitos diplomáticos en la Embajada de Estados Unidos.

Encabezados por el canciller Roberto Velasco Álvarez y el embajador Ronald Johnson, representantes de 15 agencias estadounidenses se sentaron con sus homólogos mexicanos para presumir cifras que, según ellos, son «históricas»: un 95% menos de tráfico marítimo de drogas, una caída del 35% en sobredosis en EU y el supuesto desmantelamiento de 2,300 laboratorios en México.

Pero, ¿realmente todo es color de rosa? La realidad es que esta «evolución y profundización» de la seguridad bilateral parece más un ejercicio de control de daños.

Lo que el comunicado oficial omitió mencionar es que esta reunión de «paz y cooperación» ocurrió apenas 48 horas después de que Donald Trump volviera a soltar la bomba: su intención de mandar militares a México para combatir a los cárteles como «narcoterroristas».

La relación es un verdadero caos esquizofrénico. Un día, Washington aplaude al gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo por su cooperación «sin precedentes», y al siguiente, lo acusa de brazos cruzados frente al crimen organizado.

Detrás de las fotos oficiales y los comunicados triunfalistas, el tema que realmente tensa la cuerda son los expedientes abiertos en Estados Unidos contra figuras clave de la política mexicana, específicamente de Morena.

La pregunta que nadie en la Embajada quiso contestar es: ¿hasta dónde llegará la cooperación cuando los aliados políticos del partido en el poder siguen apareciendo en las listas negras de la justicia estadounidense?

Mientras los funcionarios brindan por los resultados, la amenaza de una intervención militar sigue ahí, recordándonos que, en esta relación bilateral, la confianza es lo más escaso que hay.