Por: La Redacción.

Ciudad de México., a 4 de julio del 2026.-  A días de enfrentar los octavos de final contra Inglaterra, la Selección Mexicana de Futbol se encuentra en medio de un escándalo ético y deportivo tras darse a conocer que varios jugadores aceptaron obsequios de la marca Rolex por parte del influencer y apostador estadounidense Stephen Deleonardis, conocido como «Steve Will Do It».

El encuentro fue documentado en un video viralizado en la plataforma X, donde se observa a seleccionados nacionales recibiendo relojes de lujo. Según la versión del creador de contenido, los obsequios fueron una forma de «agradecimiento» tras haber ganado más de un millón de dólares apostando a favor de México en su partido contra Ecuador.

Esta acción ha puesto a la Selección Mexicana bajo la lupa, ya que el Código de Ética de la FIFA prohíbe estrictamente que los futbolistas acepten regalos que puedan generar conflictos de interés o beneficios económicos indebidos ligados a apuestas. La normativa establece sanciones severas para quienes infrinjan estas reglas, que van desde multas de 10 mil francos suizos hasta inhabilitaciones de hasta dos años.

Ante la presión mediática, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) informó a través de un breve comunicado que, «de común acuerdo», los jugadores devolverán los artículos. Sin embargo, la medida no despeja las dudas sobre la gestión interna del equipo nacional:

  • Violación de protocolos de seguridad: La FMF no ha explicado cómo un personaje ajeno a la delegación oficial logró ingresar a la concentración o pactar una reunión con los jugadores durante su preparación.
  • Conflicto de patrocinio: La Federación tiene un convenio comercial vigente con la marca de relojes Hublot, por lo que el vínculo de los futbolistas con una marca competidora (Rolex) podría derivar en complicaciones contractuales adicionales.

Hasta el momento, la FMF no ha confirmado si, además de la devolución de los objetos, se iniciará una investigación interna para deslindar responsabilidades sobre el acceso del apostador a las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento (CAR).

Este episodio exhibe una falta de criterio institucional en un momento crítico de la competencia mundialista, dejando en entredicho el control que la directiva ejerce sobre el entorno de los seleccionados nacionales.