
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 19 de agosto del 2026.- Las recientes declaraciones de la gobernadora María Eugenia Campos Galván durante la presentación del libro “Centinela, seguridad en Chihuahua”, escrito por el titular de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE), Gilberto Loya Chávez, trascendieron el protocolo literario para convertirse en un mensaje político de alto voltaje de cara al proceso electoral de 2027.
Al señalar de manera directa que el servicio público no debe confundirse con «ambiciones personales» ni con «tentaciones», la mandataria estatal lanzó una advertencia hacia el interior de la administración pública y de las propias fuerzas partidistas, poniendo sobre la mesa la exigencia de congruencia ética y lealtad institucional.
Para la titular del Ejecutivo, el ejercicio gubernamental exige un retorno a los valores rectores de la democracia cristiana —como la subsidiariedad, la solidaridad y el bien común—, distanciándose de aquellos perfiles que, según su lectura, priorizan agendas personales por encima de la estabilidad gubernamental.
«Hay personas que confunden lo que es el servicio público con las ambiciones personales y con las tentaciones», aseveró Campos Galván al advertir que quienes caigan en estas prácticas no pueden seguir formando parte del aparato gubernamental ni mantener aspiraciones políticas. Este posicionamiento funciona como un claro filtro y un toque de atención para los distintos aspirantes que ya mueven fichas rumbo a los comicios locales, exigiendo disciplina en un momento donde la cohesión del bloque gobernante es puesta a prueba.
En el mismo discurso, la gobernadora apeló a la unidad institucional al recordar que las alianzas y el trabajo coordinado han costado más de una década de consolidación frente a contextos de alta complejidad en materia de seguridad y gobernabilidad.
Con la frase «sabemos que el enemigo está fuera y sabemos de qué tamaño es el enemigo», Campos Campos cerró filas en torno a su equipo más cercano —reconociendo expresamente la labor y transparencia de Loya Chávez— y enviando un mensaje disuasivo contra las fracturas internas y la soberbia política que pudieran debilitar al bloque oficialista frente a la oposición.
El posicionamiento de la gobernadora evidencia el delicado equilibrio que vive la política chihuahuense: por un lado, la necesidad de blindar la gestión estatal ante el inminente arranque formal de las precampañas y campañas; y por el otro, la gestión de las ambiciones legítimas o prematuras de funcionarios y liderazgos locales que buscan suceder en los cargos clave.
La exigencia de Maru Campos es clara: disciplina, lealtad al proyecto y contención de las aspiraciones individuales para evitar que las disputas internas terminen por fracturar la gobernabilidad del estado.






