Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Chihuahua, Chih., a 10 de septiembre del 2026.-  La publicación de los resultados de la evaluación internacional PISA reactivó el pulso político en el estado, luego de que el diputado local del Partido Acción Nacional (PAN), Carlos Olson, responsabilizara directamente al partido Morena y a la llamada Nueva Escuela Mexicana (NEM) por el retroceso en los indicadores de aprendizaje de niñas, niños y jóvenes en el país.

Durante un posicionamiento público, el legislador panista reprochó que las advertencias sobre la disminución del enfoque en asignaturas fundamentales —como las matemáticas, las ciencias y la comprensión lectora— se hayan materializado en evaluaciones reprobatorias. A decir de Olson, el modelo federal priorizó «ocurrencias ideológicas» por encima de la competitividad y la innovación, contraponiendo la postura oficial de la administración federal frente a la defensa de los planes de estudio implementados en entidades como Chihuahua.

El posicionamiento de la oposición coloca el foco en las decisiones curriculares y la dirección política de la Secretaría de Educación Pública (SEP) federal. Sin embargo, analistas en materia educativa e instituciones de investigación señalan que reducir el debate sobre los resultados de la prueba PISA a una confrontación entre modelos ideológicos simplifica un problema de dimensiones sistémicas.

El rezago educativo que arrastra México no es un fenómeno reciente ni exclusivo de la actual administración; responde a fallas históricas estructurales que incluyen presupuestos insuficientes, carencias severas en infraestructura escolar —especialmente en zonas marginadas y rurales—, así como desafíos persistentes en la actualización y profesionalización del magisterio.

Mientras los actores políticos utilizan los indicadores internacionales como artillería en la disputa partidista, el verdadero reto para el sistema educativo nacional y estatal sigue diluyéndose entre los informes oficiales y los reproches mutuos.

Garantizar que las nuevas generaciones adquieran herramientas competitivas para el futuro exige dejar de lado la polarización política y enfocar los esfuerzos institucionales en una evaluación integral de las aulas, el fortalecimiento de las capacidades docentes y una inversión presupuestal real que atienda las deficiencias de fondo que limitan el desarrollo de la niñez mexicana.