
Por: La Redacción.
Ciudad de México., a 21 de septiembre del 2026.- El cardenal emérito de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, Felipe Arizmendi Esquivel, advirtió sobre la creciente presión que los grupos del crimen organizado ejercen sobre la niñez y la juventud mexicana, utilizándolos como distribuidores de sustancias ilícitas al interior de los planteles escolares y exponiéndolos a redes de extorsión de difícil salida.
A través de un artículo difundido por la Agencia Católica de Informaciones (ACI Prensa), el jerarca católico expuso vivencias recopiladas durante su labor pastoral que evidencian la vulnerabilidad de los estudiantes frente a las estructuras del narcomenudeo.
Entre las experiencias compartidas, Arizmendi Esquivel relató el caso específico de dos seminaristas que cursaban la educación media superior en una escuela preparatoria pública, quienes eran coaccionados para comercializar drogas dentro de la institución, situación que requirió su intervención directa ante las autoridades escolares. Asimismo, documentó el testimonio de una joven atrapada en una espiral de consumo y venta, la cual enfrentó amenazas directas contra su integridad y la de su familia al intentar desvincularse de dichas redes criminales.
El fenómeno expuesto por el prelado coincide con advertencias previas emitidas por organizaciones civiles e instituciones de procuración de justicia. Informes históricos citados por ACI Prensa —como las estimaciones de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM)— han calculado en cientos de miles la cifra de menores expuestos al riesgo de reclutamiento delictivo en el país. A esto se suman diagnósticos de autoridades judiciales locales, como los emitidos en su momento por el Tribunal Unitario de Justicia Penal para Adolescentes de Morelos, que alertan sobre la inserción de menores en el narcomenudeo regional.
Más allá de la denuncia sobre la operación del crimen organizado en el ámbito educativo, el cardenal hizo un llamado a replantear la estrategia social frente a las adicciones.
Arizmendi enfatizó que el problema del consumo de drogas y el narcomenudeo no puede combatirse únicamente desde la punición, sino que requiere atender las causas profundas, tales como las heridas emocionales y los contextos familiares adversos desde la infancia. Asimismo, amplió el debate hacia otras dependencias modernas, incluyendo el alcoholismo y el uso problemático de tecnologías y pantallas, abogando por un acompañamiento integral y mecanismos de rehabilitación que eviten la condena social de los afectados.
El testimonio del cardenal pone de relieve una de las aristas más graves de la crisis de seguridad en México: la penetración del crimen organizado en el tejido escolar y la utilización de menores como eslabones descartables del narcomenudeo. Si bien las declaraciones subrayan la necesidad urgente de blindar a las instituciones educativas, también evidencian las limitaciones del Estado en la prevención temprana y la protección de la infancia frente a estructuras delictivas que operan con impunidad en las comunidades del país.






