Por: La Redacción.

Ciudad de México., a 22 de septiembre del 2026.- A dos años de haber asumido la dirección del Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (Cnar) —aprovechando su cercanía con el titular de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), Rommel Pacheco—, el exclavadista Jahir Ocampo exhibe una gestión marcada por el abandono de funciones, conflictos de interés y opacidad institucional. Su más reciente falta: ausentarse de sus obligaciones en días y horas hábiles para participar como concursante en el reality show “Habilidad Física 100: México”, producido por Netflix.

Mientras el Cnar alberga las concentraciones de selecciones nacionales e infantiles que entrenan, comen y duermen en el inmueble federal, su director decidió enfocar su tiempo en pruebas de resistencia física por una bolsa de tres millones de pesos. Ocampo no solicitó vacaciones ni permisos sin goce de sueldo durante las grabaciones, por lo que continuó cobrando puntualmente su sueldo de 52 mil pesos mensuales mientras desatendía responsabilidades clave como la administración de recursos, la supervisión de servicios y la presidencia del Consejo Técnico Interdisciplinario.

Esta ausencia injustificada no solo vulnera el reglamento interno del centro y el Manual de Organización de la Conade, sino que roza múltiples violaciones a la Ley General de Responsabilidades Administrativas, incurriendo potencialmente en abuso de funciones y omisiones graves.

El caso de Ocampo no es un hecho aislado dentro de la producción. En el programa también participan atletas en activo que reciben becas públicas, los cuales se enfrentaron a dinámicas de alta exigencia física que los expusieron a lesiones severas —como el caso de la nadadora Liliana Ibáñez—, poniendo en riesgo sus carreras deportivas.

Paradójicamente, mientras que las Reglas de Operación anteriores sancionaban estrictamente la participación de atletas becados en este tipo de eventos mediáticos con la suspensión de recursos, normativas recientes han flexibilizado dichos apartados, permitiendo que figuras del deporte nacional participen en producciones comerciales mientras las instalaciones públicas y la salud de los atletas quedan relegadas a un segundo plano.

La participación en el reality es solo la cúspide de una administración plagada de irregularidades. Desde su llegada al cargo, la gestión de Ocampo ha acumulado señalamientos graves:

El Cnar ha funcionado como caja chica para torneos privados de empresas externas, afectando las áreas de entrenamiento de las selecciones nacionales.

Bajo el argumento de falta de presupuesto, se ha limitado el ingreso de nuevos talentos y se ha frenado el suministro adecuado en el comedor, arrastrando deudas millonarias con proveedores, mientras se expulsaba a equipos representativos de disciplinas como taekwondo, judo y handball.

Ocampo ha utilizado su investidura oficial para ausentarse de sus labores y asistir a competencias internacionales (como Copas del Mundo y Juegos Centroamericanos) en calidad de tesorero de la Federación Mexicana de Clavados, mezclando funciones privadas con recursos y tiempos del erario.

El funcionario ha utilizado su imagen para promocionar marcas comerciales como Renault, JBL y instituciones privadas en sus redes sociales y dentro de las propias instalaciones del Cnar, violando la normativa que prohíbe a los servidores públicos el lucro con su proyección institucional.

A casi dos años de gestión, la declaración patrimonial de Jahir Ocampo sigue sin aparecer en el portal Declaranet de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, un requisito obligatorio que sí cumplieron sus antecesores y que oculta posibles ingresos externos incompatibles con el servicio público.

La gestión de Ocampo en el Cnar refleja la persistencia de una vieja práctica: utilizar los espacios e instituciones del deporte nacional como plataformas de proyección personal, evidenciando una profunda contradicción entre el discurso oficial de apoyo al deportista y la realidad de una administración indolente y opaca.