
Por: Estela Malka Ben-Ami
Medio Oriente., a 14 de abril del 2026.- Mientras los misiles cruzan el cielo de Irán, una amenaza más silenciosa, pero igualmente devastadora, comienza a fraguarse en los surcos de la tierra. El doble bloqueo del Estrecho de Ormuz, la arteria por la que fluye el 20% del comercio global, ha dejado de ser un conflicto estrictamente militar para convertirse en el detonante de lo que la ONU califica como la próxima «pandemia global»: una catástrofe alimentaria sin precedentes.
Para el agricultor promedio en los países en desarrollo, el conflicto iniciado el 28 de febrero entre las fuerzas lideradas por Estados Unidos e Israel contra Irán tiene un rostro muy concreto: la ausencia de fertilizantes. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió que entre el 20% y el 45% de las exportaciones de insumos agrícolas dependen de este paso marítimo, hoy convertido en zona de guerra.
«El reloj no se detiene», advirtió Máximo Torero, economista jefe de la FAO. Los ciclos de siembra de 2026 ya han comenzado, y sin los nutrientes necesarios para la tierra, las cosechas de 2027 están condenadas al fracaso antes de nacer.
Aunque los precios de los cereales mostraron una estabilidad engañosa durante marzo, los expertos del FMI y el Banco Mundial anticipan una «tormenta perfecta» para mayo. El encarecimiento del petróleo no solo encarece el transporte, sino que incentiva el desvío de tierras agrícolas hacia la producción de biocombustibles, reduciendo la oferta de alimentos y disparando los precios al consumidor final.
El impacto no es solo una cifra macroeconómica. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el prolongamiento de esta crisis podría empujar a 32 millones de personas adicionales a la pobreza extrema, afectando principalmente a naciones de África, Asia y los Estados Árabes, cuyas monedas se deprecian mientras su deuda externa se vuelve impagable.
A diferencia de los desastres naturales como «El Niño», los analistas coinciden en que esta crisis es artificial. Es el resultado de decisiones políticas tomadas en Washington, Tel Aviv y Teherán. El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha sido enfático: la libertad de navegación en Ormuz no es un lujo, es una necesidad vital para la estabilidad del mercado alimentario.
Mientras el mundo observa los movimientos de las flotas navales, la verdadera batalla se libra en los mercados de insumos. Si el bloqueo persiste, la «crisis de insumos» de hoy se transformará en la «catástrofe de hambre» del mañana, una herencia de la guerra que el mundo podría tardar décadas en subsanar.






