
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 24 de enero del 2026.- La guerra entre grupos armados en Chihuahua, Sinaloa y Baja California ha escalado a una nueva dimensión: el espacio aéreo. Existe evidencia de que los carteles mexicanos no solo utilizan drones explosivos, sino que han adquirido y desplegado sistemas C-UAS (Counter Unmanned Aircraft System), tecnología diseñada originalmente para detectar, rastrear e interceptar drones enemigos.
Este armamento tecnológico no solo se usa para la vigilancia de convoyes de la policía o el ejército, sino también para inhabilitar los drones de vigilancia de las autoridades y de grupos rivales por lo que su utilización permitiría a los grupos armados anticiparse a los operativos terrestres a tráves de “domos de protección aérea”.
Es decir que, la implementación de C-UAS permite la creación de zonas completas de exclusión aérea ó puntos «ciegos» para las autoridades donde cualquier dron que ingrese puede ser identificado y neutralizado automáticamente logrando trasladar su dominio del suelo al aire.
Con la incorporación de tecnología militar avanzada, los cárteles de narcotráfico han comenzado a librar una nueva batalla aérea mediante el uso de sistemas C-UAS (Counter Unmanned Aircraft System). Estos sistemas, originalmente desarrollados para uso militar, permiten detectar, rastrear, interferir y derribar drones, creando así zonas de exclusión aérea que blindan sus operaciones de rivales y autoridades.
Los cárteles han adoptado estos sistemas de última generación para establecer límites invisibles en el cielo. Estos «domos de protección aérea» impiden el ingreso de aeronaves no autorizadas, marcando una evolución respecto a los «bajadrones», dispositivos más rudimentarios.
Un análisis de redes sociales así como agencias de inteligencia de Estados Unidos han detectado que los cárteles mexicanos, notablemente el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), la Mayiza, los Chapitos, Cárteles Unidos, Cártel del Golfo e incluyendo facciones como Los Metros y Los Escorpiones se encuentran utilizando inhibidores de drones (o «jammers») para derribar o neutralizar los drones de vigilancia y ataque de las fuerzas gubernamentales.
Incluso miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), conocidos como “droneros”, portan parches distintivos. Se les llama así porque operan drones cargados con explosivos improvisados para atacar a grupos rivales.
Lo anterior no se limita a Jalisco y Michoacán sino incluye también a Chihuahua concretamente a la Sierra Tarahumara donde estos grupos aterrorizan a los habitantes de las comunidades no solo por tierra sino ahora también por aire através de drones explosivos.
En Sinaloa, imágenes en redes sociales han mostrado a miembros de La Mayiza utilizando sistemas C-UAS portátiles de la marca Skyfend. Estos sistemas incluyen dispositivos capaces de detectar y neutralizar drones en un radio de hasta tres kilómetros, además de crear zonas donde las aeronaves no pueden operar. El costo de esta tecnología, que oscila entre los 200,000 y 300,000 dólares por unidad, la hace accesible solo para organizaciones con gran capacidad financiera.
La expansión de estos «espacios aéreos protegidos» no se limita solo a Sinaloa. Los Chapitos han implementado domos de exclusión en el norte de Sinaloa, Chihuahua y Baja California. Mientras tanto, el CJNG ha innovado con grupos especializados como “Los Droneros”, dedicados a tareas aéreas como la vigilancia de rutas y operaciones con drones armados.
El control aéreo criminal ha generado preocupaciones no solo para México, sino para los Estados Unidos cuyas agencias de inteligencia han documentado dificultades para el sobrevuelo de aeronaves militares estadounidenses en áreas cercanas a la frontera, particularmente en Texas, debido a la influencia del Cártel del Golfo. Esta situación subraya la creciente sofisticación y alcance del crimen organizado en el control del espacio aéreo y sus implicaciones para la seguridad regional e internacional.






