Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Chihuahua, Chih., a 19 de julio del 2026.- Mientras el pronóstico de lluvias pone en alerta a la infraestructura de Chihuahua capital, el alcalde Marco Bonilla Mendoza ha decidido tomarse una semana de descanso. La ausencia del edil, programada del 20 al 24 de julio, ocurre en un momento donde la ciudad requiere más que nunca una dirección firme, dejando a la ciudadanía con la duda de si la prioridad actual es la gestión de crisis o la estrategia política que envuelve su administración.

El Gobierno Municipal informó que el presidente municipal hará uso de un periodo vacacional, reincorporándose a la agenda pública hasta el lunes 27 de julio. Durante este lapso, será el Secretario del Ayuntamiento quien asuma el despacho, bajo el argumento oficial de que la operatividad municipal se mantendrá «con normalidad».

La fecha elegida para el receso resulta, cuando menos, cuestionable. Julio es un mes crítico para Chihuahua, donde las precipitaciones han demostrado ser capaces de colapsar vialidades y evidenciar las deficiencias en el drenaje pluvial. Ante este escenario, la figura del alcalde suele ser la pieza clave para la toma de decisiones inmediata y la coordinación de los cuerpos de emergencia.

La delegación de mando en el Secretario del Ayuntamiento, aunque legalmente procedente, traslada la responsabilidad política a un nivel que carece de la legitimidad directa del voto popular en momentos donde la ciudad demanda respuestas claras ante una posible contingencia climática.

Más allá de la cuestión climática, la salida de vacaciones del alcalde Marco Bonilla Mendoza aviva un debate que lo persigue desde hace meses: su constante actividad política y su evidente perfil electoral de cara a la gobernatura del estado en el 2027.  Por lo que en el entorno público, la pregunta es inevitable: ¿Se trata de un descanso legítimo o es una licencia electoral disfrazada para operar sin el peso de la fiscalización directa?

Aunque Marco Bonilla hizo un llamado a su equipo para «redoblar esfuerzos» durante su ausencia, el mensaje que se envía a la ciudadanía es ambiguo. Mientras la ciudad se prepara para enfrentar los retos de la temporada de lluvias, el titular del Ejecutivo Municipal opta por la distancia, dejando al descubierto la fragilidad de un gobierno que, al parecer, depende más de la presencia física de su líder que de una estructura consolidada capaz de operar con eficiencia en su ausencia.

El cuestionamiento permanece vigente: ante una crisis, ¿está la ciudad en manos de alguien con capacidad de mando o simplemente a la espera de que el Alcalde regrese de su receso?