Por: Sandra Dueñes Monárrez

Chihuahua, Chih., a 1 de octubre del 2026.- La entidad cerró el mes de septiembre con 86 homicidios dolosos, posicionándose como el periodo con la cifra mensual más baja en lo que va del año 2026, de acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE). Pese a la tendencia a la baja en el acumulado estatal —que suma mil 013 víctimas de enero a septiembre—, el desglose regional evidencia focos rojos en donde Chihuahua Capital superó en violencia letal a Ciudad Juárez durante el último mes.

El análisis de la estadística estatal refleja una conducta irregular a lo largo del año. Tras alcanzar picos críticos en marzo (135 casos), abril (130) y julio (131), la incidencia mostró un descenso considerable en agosto (87) y septiembre (86). Sin embargo, el acumulado anual que rebasa el millar de asesinatos mantiene a la entidad en un escenario de alta vulnerabilidad en materia de seguridad pública.

Entre el 1 de enero y el 30 de septiembre de 2026, el estado de Chihuahua acumula un total de 1,013 homicidios dolosos, de acuerdo con datos de la Fiscalía General del Estado (FGE). Esta cifra representa una disminución del 27% en comparación con el mismo periodo del año anterior, según los balances de la Mesa Estatal de Construcción de la Paz. A pesar de esta tendencia a la baja, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ubica a Chihuahua en el tercer lugar nacional en incidencia de este delito durante el año.

Detrás del comportamiento estadístico y las contenciones temporales reportadas por las autoridades, el mapa delictivo en la entidad responde a dinámicas estructurales que continúan alimentando la violencia letal en las distintas regiones del estado las cuales se encuentran vinculadas al control del narcomenudeo local.

En ese sentido, las autoridades señalan que gran parte de los homicidios (particularmente en las zonas urbanas como la capital y Ciudad Juárez) se derivan de enfrentamientos entre pandillas y células locales asociadas a los grandes cárteles. El foco de conflicto principal es la distribución y venta de drogas al menudeo, con especial énfasis en el mercado de metanfetaminas (cristal) y heroína.

Chihuahua forma parte de rutas estratégicas para el tráfico de drogas e indocumentados hacia la frontera con Estados Unidos. Grupos antagónicos de largo historial, como el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Juárez (junto a su brazo armado La Línea), mantienen hostilidades continuas por el control de corredores clave que atraviesan municipios como Madera, Guachochi, Coyame, Ojinaga y Nuevo Casas Grandes.

En las regiones de la sierra, los homicidios y el desplazamiento forzado no solo responden al narcotráfico clásico (siembra de amapola o marihuana). La violencia también es provocada por la tala ilegal de madera y el control de aserraderos clandestinos, así como por la extorsión o despojo de tierras a comunidades indígenas y empresas mineras.

La captura o abatimiento de liderazgos delictivos suele fragmentar a las organizaciones criminales, desencadenando violentos reajustes internos por la sucesión del mando que terminan reflejándose en repuntes de ejecuciones en la vía pública.

Aunque el discurso oficial resalta la contención del delito con un descenso del 27% anual y el récord a la baja en septiembre, la permanencia de Chihuahua en los primeros lugares a nivel nacional evidencia que la estrategia de seguridad enfrenta un serio problema de sostenibilidad. La rotación del conflicto entre municipios y el repunte puntual en la Capital demuestran que las estructuras del crimen organizado mantienen su operatividad, adaptándose a los despliegues policiales sin que hasta ahora se haya logrado desarticular el tejido financiero y operativo que sostiene el mercado ilícito en el estado.