
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Ciudad de México., a 22 de mayo del 2026.- La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo recibió este jueves en Palacio Nacional a Markwayne Mullin, secretario del Departamento de Seguridad Interior de la administración de Donald Trump, en un encuentro donde la exigencia de Washington fue clara: México debe incrementar sus esfuerzos contra los grupos denominados como «narcoterroristas», lo que evidencia que la relación binacional entre ambos países atraviesa un punto crítico.
A través de sus redes sociales, Mullin informó que la agenda abordó temas de alta sensibilidad para la Casa Blanca entre los que se destaca el Combate al narcotráfico y tráfico de personas, es decir que la prioridad de EUA es frenar el flujo de narcóticos y migrantes.
Otro de los puntos relevantes es la Seguridad fronteriza, es decir que se busca reforzar los compromisos operativos en la zona limítrofe bajo la narrativa de «seguridad histórica» que promueve el presidente Trump.
Y aunque el gobierno de México ha rechazado constantemente la intervención militar extranjera, la presión de la administración Trump persiste, respaldada por la iniciativa ‘Escudo de las Américas’, de la cual México quedó excluido tras su negativa a permitir operaciones militares en territorio nacional.
Este encuentro es el primer viaje de un miembro del gabinete de Trump a México en lo que va de 2026. La visita se produce tras una reciente llamada telefónica entre Sheinbaum y Trump —calificada por la mandataria como «cordial y excelente»—, lo que sugiere un intento de ambas partes por suavizar las asperezas públicas.
Sin embargo, el tono de la reunión con Mullin revela que, detrás de la cortesía diplomática, persisten diferencias de fondo profundas. Mientras México se apega al discurso del «respeto a la soberanía», el gobierno estadounidense mantiene una retórica de exigencia de resultados inmediatos que roza la presión directa sobre la estrategia de seguridad mexicana.
El desafío para la administración de Sheinbaum Pardo es mayúsculo, pues la difícil tarea de colaborar con un socio comercial que ha marcado una agenda de seguridad agresiva sin ceder ante las pretensiones de intervencionismo estadounidense.
La pregunta es hasta qué punto el gobierno mexicano podrá mantener su negativa a las operaciones militares sin que la tensión comercial o política escale por parte de Washington. En este juego de espejos, los resultados operativos en el combate al narcotráfico son la única moneda que puede evitar que la relación bilateral termine por fracturarse.






