
Por: La Redacción.
Culiacán, Sin., a 2 de mayo del 2026.- El efecto dominó que inició con la caída de Rubén Rocha Moya ha llegado al corazón de la capital sinaloense. En una sesión de Cabildo que destiló urgencia y hermetismo, Juan de Dios Gámez Mendívil formalizó su salida del Ayuntamiento de Culiacán. La aprobación de su licencia, otorgada por unanimidad y sin cuestionamientos, deja un mensaje claro: en el oficialismo sinaloense, la prioridad ya no es gobernar, sino buscar refugio ante el asedio judicial que llega desde el norte.
La designación de Ana Miriam Ramos Villaverde, hasta hoy síndica procuradora, como alcaldesa provisional, es un movimiento técnico para evitar el colapso administrativo, pero políticamente es un salvavidas de plomo. Ramos asume el mando de una ciudad que no solo enfrenta una crisis de seguridad pública, sino que ahora se convierte en el epicentro de una investigación transnacional por nexos con el crimen organizado.
Aunque la licencia se solicitó inicialmente por 10 días, el fantasma de los «seis meses» o la designación de un sustituto definitivo por parte del Congreso del Estado ya sobrevuela el Palacio Municipal. En la práctica, pocos creen que Gámez Mendívil regrese a ocupar la silla; su nombre, al igual que el de Rocha Moya, ya forma parte del expediente que ha fracturado la relación entre Sinaloa y la Federación.
Lo más revelador de la jornada no fue la toma de protesta de Ramos Villaverde, sino el silencio unánime del Cabildo. Sin votos en contra ni debates de altura, los regidores avalaron una salida que ocurre en medio de acusaciones de contubernio con facciones del narcotráfico. Este «cierre de filas» no es lealtad institucional, es el pánico de una estructura que sabe que la caída de sus líderes es solo el inicio de una purga mayor.
Con la salida de Gámez Mendívil, el «Rochismo» pierde su último bastión operativo. Mientras la nueva alcaldesa provisional promete «estabilidad institucional», la realidad en las calles de Culiacán dicta una narrativa distinta. La capital sinaloense entra en una fase de incertidumbre total, donde la única certeza es que las decisiones de peso ya no se toman en el Cabildo, sino en las cortes de Nueva York que forzaron esta desbandada.






