Por: La Redacción.

Ciudad de México., a 15 de junio del 2026.- El senador de Morena, Gerardo Fernández Noroña, protagonizó un momento que ha generado críticas y burlas en redes sociales tras intentar ironizar sobre sus posibilidades de acceso a Estados Unidos, al confundir una tarjeta de crédito bancaria con una «visa dorada».

Durante una de sus recientes videocharlas, el legislador mostró a la cámara un plástico de color dorado, pretendiendo demostrar que contaba con acceso al país vecino. Sin embargo, lejos de ser un documento migratorio de alto nivel, el plástico resultó ser una tarjeta de crédito Oro de BBVA.

El senador, quien previamente había calificado el visado estadounidense como algo «insustancial» —desestimando las críticas de la oposición que lo consideran un «certificado de buena conducta»—, parece haber ignorado la naturaleza del documento que presumió.

Aunque el legislador intentó ocultar el nombre de la institución financiera, el diseño característico de la tarjeta permitió identificarla como un producto bancario que exige requisitos financieros básicos, tales como un ingreso mínimo mensual de 20 mil pesos.

La confusión de Fernández Noroña ha puesto de relieve la disparidad entre los privilegios que él pretendía ostentar y los procesos migratorios reales de Estados Unidos. La verdadera «visa dorada», conocida como Trump Corporate Gold Card, no es un plástico bancario, sino un programa para personas con alta capacidad de aportación económica al país vecino.

A diferencia de una tarjeta de crédito con una anualidad de poco más de mil pesos, el acceso a la residencia permanente mediante este programa migratorio conlleva:

  • Costos millonarios: La solicitud inicial requiere una cuota de 15 mil dólares para procesamiento, con un costo final que asciende, como mínimo, a un millón de dólares.
  • Rigurosidad: A diferencia de una tarjeta bancaria, este proceso es gestionado por el Departamento de Seguridad Nacional y está sujeto a revocación en caso de detectar riesgos criminales.

El incidente no solo ha sido calificado como un error técnico por parte del senador, sino que ha abierto una vez más el debate sobre la falta de rigor y seriedad de algunos representantes populares al abordar temas que, en el discurso público, exigen una mayor responsabilidad y conocimiento.