Por: La Redacción.

Ciudad de México., a 19 de febrero del 2026.- En un país donde las leyes y las reformas parecen jugarse en un tablero de ajedrez, hay quienes prefieren el tablero de los ratings. El diputado federal por Morena, Sergio Mayer Bretón, solicitó licencia indefinida en la Cámara de Diputados. ¿El motivo? No es una misión diplomática ni una urgencia distrital, sino su ingreso a la sexta temporada de La Casa de los Famosos en Estados Unidos.

Mientras su suplente, Luis Morales Flores, asume las funciones legislativas, Mayer entra al aislamiento mediático. La crítica en redes sociales no se ha hecho esperar, y con razón: ciudadanos reclaman que el mandato popular no debería ser un «mientras tanto» entre proyectos televisivos. En esta legislatura, Mayer presentó cinco iniciativas; ninguna ha sido aprobada. Tres siguen «durmiendo» en comisiones.

A pesar del malestar ciudadano, Ricardo Monreal salió en su defensa, calificando a Mayer como «disciplinado» y justificando su ausencia por su «vocación de actor». Sin embargo, queda en el aire una pregunta incómoda: ¿Se puede legislar para un pueblo mientras se convive en una casa vigilada las 24 horas por un premio de 200 mil dólares?

Este fenómeno no es aislado, la política moderna está sufriendo una «guerra» contra la seriedad institucional. Cuando un representante del Estado decide que su mayor impacto está en un reality show y no en la tribuna, la estructura democrática se debilita. Es, de nuevo, el caos convertido en entretenimiento.

El show de Telemundo es un fenómeno de audiencia con más de 2 millones de espectadores, pero también un foco de polémicas, desde comentarios misóginos hasta participantes con problemas legales. Hoy, la política mexicana suma un capítulo más a este guion de espectáculo.