Por: La Redacción.

Ciudad de México., a 17 de septiembre del 2026.- Las principales ligas deportivas profesionales de Estados Unidos —NFL, NBA, MLB, NHL y MLS—, en un hecho sin precedentes junto con sus respectivos sindicatos de jugadores, enviaron una carta conjunta a las comisiones reguladoras de apuestas de 35 estados y del Distrito de Columbia para exigir la adopción de medidas drásticas que frenen el acoso y las amenazas de apostadores inconformes. Sin embargo, la iniciativa quedó marcada por la controversia tras excluir de manera deliberada al deporte femenil.

La misiva exige un veto permanente y normativas uniformes para cualquier individuo que agreda, acose o emita amenazas de violencia contra atletas, entrenadores, árbitros y sus familias a raíz de la pérdida de apuestas.

Sanción perpetua obligatoria, homologación de procesos legales a nivel nacional y la corresponsabilidad de las casas de apuestas para implementar filtros que detecten cuentas con comportamientos abusivos.

Esta postura de seguridad surge en un escenario donde los propios circuitos deportivos mantienen lucrativos contratos de patrocinio con la industria del juego, promoviendo activamente las apuestas entre los aficionados.

El aspecto más crítico de este pronunciamiento fue la omisión de las atletas profesionales. La Asociación Nacional de Baloncesto Femenino (WNBA) y el sindicato de jugadoras de la NWSL recriminaron públicamente haber sido marginadas del frente común. Terri Carmichael Jackson, directora ejecutiva del sindicato de la WNBA, calificó la exclusión como profundamente decepcionante, especialmente ante el incremento documentado de incidentes de acoso que enfrentan las deportistas.

Este vacío exhibe una preocupante desigualdad estructural en la protección laboral dentro de la industria del entretenimiento deportivo. Mientras las grandes ligas varoniles movilizan recursos institucionales para blindar a sus agremiados, los circuitos femeninos continúan siendo invisibilizados en las agendas prioritarias de seguridad, revelando que el negocio de las apuestas protege selectivamente según el género.