Por: La Redacción.

La Habana, Cuba., a 26 de marzo del 2026.- En una nación donde la electricidad se ha convertido en un lujo y el combustible en un recuerdo, miles de mujeres cubanas enfrentan el desafío más grande de sus vidas: dar a luz en medio del colapso. Tras el endurecimiento del bloqueo energético y la caída del suministro venezolano, la isla se sume en una crisis que hoy golpea con fuerza los pabellones de maternidad.

Mauren Echevarría, de 26 años, espera a su primer bebé en el hospital especializado Ramón González Coro. Su embarazo es de alto riesgo: diabetes gestacional e hipertensión crónica. Aunque agradece la insulina y los cuidados que el personal médico le brinda «contra reloj», el miedo es su sombra constante. Con el sistema eléctrico nacional colapsado, Mauren teme que el momento de su parto coincida con uno de los apagones generales que dejan a La Habana en penumbras.

La realidad fuera de los hospitales especializados es aún más cruda. Indira Martínez, con siete meses de embarazo, relata cómo la falta de energía ha pulverizado su dieta y su estabilidad. Sin refrigerador que funcione y cocinando en un horno de leña improvisado por su esposo, Indira ha pasado días sin poder siquiera preparar un desayuno adecuado.

A pesar de los envíos de ayuda humanitaria —como la leche en polvo despachada desde México—, muchas gestantes aseguran que los apoyos no llegan a sus manos. «Sabíamos que no podíamos confiar en la ayuda del gobierno», afirma con resignación, mientras se imagina dando a luz iluminada apenas por la linterna de un teléfono móvil.

La crisis energética en Cuba se agudizó tras la remoción del poder de Nicolás Maduro en Venezuela y el freno total a los envíos de petróleo. Esta asfixia económica no solo afecta el presente, sino que está matando la esperanza en el futuro:

  • Deserción Profesional: Profesionistas como Indira (técnica en sistemas) y su esposo (contador) han tenido que abandonar sus carreras para dedicarse a la peluquería y la herrería para sobrevivir.
  • Éxodo y Envejecimiento: Con una tasa de natalidad en mínimos históricos y una migración masiva, Cuba necesita jóvenes, pero la isla ofrece pocas razones para quedarse.

«No tengo motivos para decirle a mi hija que tiene un futuro prometedor», sentencia Indira. Mientras tanto, en los pasillos de los hospitales, los generadores rugen con el poco combustible que queda, intentando mantener con vida la esperanza de una generación que nace en uno de los momentos más oscuros de la historia moderna de su país.