
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 30 de agosto del 2026.- En un posicionamiento con un fuerte tono de confrontación política, el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Moreno Cárdenas, intensificó la ofensiva de su partido frente a Morena en Chihuahua, catalogando a la administración federal y a su movimiento como una «tragedia» que ha destruido el tejido institucional del país.
Durante su visita a la entidad, el líder priista advirtió sobre la urgencia de blindar al estado de Chihuahua ante lo que denominó una expansión de la violencia, la extorsión y la ineficacia gubernamental experimentada en otras regiones de la República.
La postura de Moreno Cárdenas se fundamenta en un diagnóstico crítico de la seguridad pública y el desarrollo económico nacional. Al señalar directamente a los gobiernos de Morena como entidades donde —según sus palabras— «llega el crimen organizado y el cobro de piso», el dirigente busca aglutinar el descontento ciudadano en torno a problemáticas reales como el homicidio, el robo y la extorsión. Ejemplificando con los casos de Zacatecas, Tamaulipas y Sinaloa, el PRI intenta trasladar al electorado chihuahuense un escenario de riesgo inminente, apelando a la memoria colectiva sobre la crisis de seguridad que padece el país.
Sin embargo, el discurso del líder tricolor plantea una paradoja analítica profunda frente al panorama electoral de Chihuahua. Por un lado, el PRI busca posicionar a sus alcaldes y legisladores locales como referentes de buen gobierno, cercanía y resultados tangibles. Por el otro, la llamada a construir un «gran bloque amplio» y un frente opositor ciudadano desnuda la debilidad electoral crónica que arrastra el partido tras los descalabros sufridos en los últimos años a nivel nacional. La estrategia de alianzas, necesaria para competir con fuerza, diluye la identidad ideológica tradicional del priismo y lo obliga a compartir el rédito político con otras fuerzas, principalmente el Partido Acción Nacional (PAN), con quien históricamente ha disputado el territorio norteño.
Uno de los ejes más álgidos del mensaje de Moreno Cárdenas fue el uso abierto de calificativos severos, etiquetando a los militantes del partido oficial como «cínicos, corruptos y narcopolíticos» que habrían pactado con cárteles criminales. Desde una perspectiva periodística crítica, esta retórica no solo polarizar el debate público, sino que elevando los costos políticos de la contienda en Chihuahua.
Al convocar a los ciudadanos a «ser valientes» y señalar a la oposición, el PRI intenta perfilarse como el único dique de contención institucional, a pesar de que su propio pasado histórico y las investigaciones en curso contra diversas figuras de su dirigencia suelen ser utilizados por sus adversarios para cuestionar su autoridad moral en temas de corrupción y seguridad.
El reto para el priismo en Chihuahua no radica únicamente en retener sus bastiones locales o en estructurar una coalición competitiva hacia los próximos procesos electorales, sino en convencer a un electorado cada vez más escéptico de que su propuesta representa una alternativa viable y limpia, diferenciándose tanto del oficialismo como de los costos políticos arrastrados por sus propias alianzas y antecedentes partidistas.






