Por: La Redacción.

Ciudad de México. – En un movimiento que ha dejado boquiabierta a la industria del entretenimiento, Gloria Trevi ha demostrado que la sensualidad y el empoderamiento no tienen fecha de caducidad. A sus 58 años, la intérprete de «Todos me miran» se convirtió en la portada de la edición internacional de Playboy (febrero-marzo 2026), reafirmando su lugar como una de las figuras más vigentes y disruptivas del pop latino.

Lejos de la rebeldía adolescente que la lanzó a la fama en los noventa, esta colaboración —realizada para la edición de Nueva Zelanda con alcance global— presenta a una Trevi madura, intelectual y en pleno control de su imagen.

En entrevista para la mítica revista del «conejito», la regiomontana explicó que aceptar esta sesión fotográfica fue una decisión consciente y estratégica.

«La seguridad que tengo hoy no la tenía a los 20 años. Ser dueña de tu cuerpo y de tus decisiones es el acto más inteligente que puede hacer una mujer», declaró la artista, quien además hace historia al ser la primera latina en protagonizar la portada de dicha edición internacional.

Para «La Trevi», este proyecto se alinea con el concepto de su más reciente álbum, El Vuelo, el cual ya supera los 25 millones de reproducciones en Spotify. La cantante asegura que, al igual que el fénix, ha pasado por un proceso de renacimiento donde su imagen y su voz son herramientas de transformación social.

Actualmente, Gloria atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera:

  • Gira Exitosa: Se encuentra recorriendo los escenarios con La Fiesta Tour 2026.
  • Premios: Cuenta con cuatro nominaciones a los Premios Lo Nuestro.
  • Vigencia: Desafía los estándares de una industria que suele «jubilar» a las mujeres al llegar a la madurez.

Con esta portada, Gloria Trevi no solo celebra su físico envidiable, sino que lanza un mensaje contundente: la libertad de una mujer comienza por la apropiación de su propia historia y de su propio cuerpo.

«Con esta portada, Trevi le recuerda al mundo que la feminidad no tiene fecha de caducidad; que una mujer no deja de ser mujer, ni de ser dueña de su atractivo, sin importar cuántas velas sople en el pastel.»