Por: Sandra Dueñes Monárrez.

Chihuahua, Chih., a 22 de agosto del 2026.- La solidaridad de una familia rota por la ausencia se convirtió en la chispa que destapó una de las realidades más dolorosas de la capital: la inseguridad que acecha a los trabajadores del volante. El caso de Salvador Ignacio Núñez Quiñonez, un taxista de 66 años cuya vida fue arrebatada de forma violenta, ha dejado al descubierto no solo la tragedia humana detrás de una ficha de búsqueda, sino también las urgentes preguntas sobre la eficacia y rapidez de los protocolos policiales ante la desaparición de un ciudadano.

Todo comenzó el pasado 14 de agosto. Salvador, quien operaba una unidad de alquiler adscrita al sitio Colinas, fue visto por última vez en el exterior de un conocido casino ubicado en el complejo Distrito Uno, sobre el Periférico de la Juventud. Era una jornada laboral ordinaria que se tornó en pesadilla cuando la comunicación con él se interrumpió por completo.

Ante la falta de respuestas institucionales inmediatas y la angustia creciente, fueron los propios familiares de don Salvador quienes decidieron tomar la iniciativa. Durante el fin de semana posterior a la denuncia formal interpuesta el 15 de agosto, emprendieron labores de rastreo por cuenta propia hasta localizar el taxi abandonado en un lote baldío del sector de Las Ánimas.

Días después, el trágico desenlace se confirmó: el cuerpo sin vida de Salvador fue hallado en un predio cercano a las vías del tren, a pocos metros de donde su herramienta de trabajo había quedado abandonada. Los dictámenes del Servicio Médico Forense (Semefo) revelaron una realidad desoladora: el cuerpo presentaba severas lesiones por golpes y evidencias compatibles con asfixia por estrangulamiento, descartando el uso de armas de fuego pero confirmando el uso de una violencia directa y brutal. En el sitio del hallazgo, como mudo testigo del dolor, quedaron dos veladoras encendidas por su familia: una verde y otra con la imagen de San Judas Tadeo.

El caso generó una fuerte reacción social debido a la distancia temporal y espacial entre el aseguramiento del vehículo y la localización del cuerpo. Ante los cuestionamientos públicos sobre la eficiencia de los operativos iniciales, el propio director de Seguridad Pública Municipal, Julio César Salas González, reconoció públicamente que las corporaciones debieron ampliar los rastreos pedestres de inmediato tras ubicar el taxi, admitiendo que faltó «caminar un poquito más el trayecto».

Este reconocimiento pone sobre la mesa el clamor constante de diversos sectores ciudadanos y gremiales: la exigencia de protocolos de búsqueda más ágiles que no dependan exclusivamente del esfuerzo heroico de las familias, sino de una respuesta estatal inmediata capaz de salvar vidas.

En el plano de procuración de justicia, la Fiscalía de Distrito Zona Centro, en coordinación con el área de Inteligencia de la Policía Municipal, reportó avances significativos. Gracias a la recolección de huellas dactilares en el tablero y la guantera del vehículo, así como al análisis exhaustivo de cámaras de videovigilancia urbana, las autoridades lograron cumplimentar la orden de aprehensión contra un hombre presuntamente vinculado de manera directa con el homicidio, quien habría abordado la unidad en el casino para solicitar un traslado hacia la zona de Las Ánimas. Paralelamente, otra persona fue detenida bajo cargos de narcomenudeo mientras se indaga su posible grado de coparticipación.

La pérdida de Salvador Núñez no es solo una carpeta de investigación más en los registros ministeriales; es el reflejo de la vulnerabilidad cotidiana con la que operan cientos de conductores de transporte y taxistas en la entidad, expuestos a riesgos constantes ante los que la sociedad entera exige mayor protección, empatía institucional y justicia implacable para que este crimen no quede en la impunidad.