
Por: La Redacción.
Ciudad de México., a 24 de enero del 2026.- Desde hace décadas, las cárceles en Guatemala se han convertido en los “centros de mando” de las pandillas que operan en el país, organizando desde las rejas el millonario negocio de las extorsiones a comerciantes. Esta actividad ilícita les permite vivir con grandes privilegios mientras lideran la ola de violencia que golpea al país centroamericano.
Manfredo Marroquín, director ejecutivo de Acción Ciudadana, explica que el sistema penitenciario en Guatemala sufre una penetración histórica de la corrupción, lo que permite a las estructuras criminales operar con impunidad. Los centros de detención, en lugar de funcionar como instituciones de rehabilitación, se han transformado en “centros de mando del crimen”, donde la falta de control estatal permite que tanto pandilleros como políticos corruptos gocen de beneficios exclusivos.
Esta situación se da en medio de una ola de violencia notable, como el asesinato de diez policías tras retomar el control de tres prisiones donde los presos se amotinaron y tomaron rehenes.
Desde julio de 2025, el gobierno de Bernardo Arévalo de León ha intentado retomar el control de las prisiones retirando privilegios a los reos y trasladando a sus líderes a la cárcel de máxima seguridad Renovación I. Sin embargo, estos esfuerzos han enfrentado resistencia y complicaciones.
Las extorsiones han alcanzado dimensiones críticas, afectando a comerciantes, transportistas y pequeñas empresas. Según datos oficiales, las órdenes de cobro provienen principalmente desde el interior de las prisiones. En 2025, se registraron 25,961 denuncias por extorsión, un aumento del 3.9 % respecto al año anterior.
El departamento de Guatemala concentra la mitad de los delitos de extorsión y homicidios, lo que refleja la operatividad de las pandillas que mantienen sus estructuras de comunicación intactas.
El gobierno describe la situación de las cárceles como una “bomba de tiempo permanente”. Con una sobrepoblación que supera el 300 %, los 23 centros penales del país, diseñados para 6,000 reclusos, albergan a más de 23,000. La escasez de guardias y el acceso de los internos a teléfonos celulares y armas complican aún más la situación.
A pesar de los operativos de aislamiento de líderes pandilleros, la corrupción sigue siendo el principal desafío. Las requisas continúan revelando dispositivos de comunicación, subrayando la necesidad de profesionalizar el personal penitenciario y llevar a cabo un censo para retomar el control.
Mientras tanto, los líderes de pandillas buscan mantener sus beneficios. Un ejemplo es Aldo Dupie Ochoa Mejía, alias “Lobo”, líder de la organización criminal Barrio 18, quien exigía comodidades en su celda como aire acondicionado y comida de restaurantes.
La situación en las cárceles guatemaltecas representa un problema complejo que requiere soluciones integrales para abordar la corrupción y el control ineficaz que permite a las pandillas operar desde el interior de las prisiones.
Con información de agencia EFE.






