
Por: Redacción.
Ciudad de México., a 11 de abril del 2026.- Lo que comenzó como una serie de muertes «extrañas» de profesionales de la salud en barrios exclusivos de Argentina, ha destapado una red de tráfico de fármacos intrahospitalarios y fiestas privadas bautizadas como “Propofest”. En estos eventos, médicos y enfermeros utilizaban fentanilo y propofol robados de instituciones públicas para ofrecer «viajes de relajación extrema» que ya cobraron las primeras vidas.
La alarma se encendió con el hallazgo del cuerpo de Alejandro Zalazar (30 años), un brillante anestesiólogo encontrado en su casa con una vía conectada al pie y una bomba de infusión a su lado. Seis semanas después, a solo cinco cuadras, el enfermero Eduardo Betancourt (44 años) fue hallado en circunstancias casi calcadas: rodeado de jeringas, guantes de látex y ampolletas de uso exclusivo hospitalario.
Ambos profesionales estaban vinculados al círculo de los potentes sedantes que no se venden en farmacias y cuya administración requiere monitoreo constante para evitar un paro respiratorio.
La investigación judicial revela una trama de corrupción dentro del Hospital Italiano, de donde se sustraían los insumos. Según audios filtrados y documentos de la fiscalía, un grupo de médicos organizaba fiestas donde, por sumas de hasta 3,000 dólares, suministraban propofol y fentanilo a civiles y colegas buscando un estado de «desconexión total».
Para garantizar que nadie muriera en el acto (aunque fallaron), los organizadores designaban a un «asistente» encargado de vigilar las apneas —momentos en que el paciente deja de respirar— provocadas por la droga. Incluso, se emitían certificados médicos falsos para que los participantes pudieran burlar los controles antidoping en sus empleos.
Mientras las autoridades procesan al anestesiólogo Hernán Boveri y a la residente Delfina Lanusse por administración fraudulenta, el caso de Betancourt ha dado un giro oscuro. Sus allegados aseguran que el enfermero no era consumidor, sino que «sabía demasiado» sobre la red que involucra a gente de alto poder adquisitivo y estatus médico.
«Eduardo era la persona más empática, él no quiso ser parte de algo; hay mucha gente de mucha plata involucrada», declaró una de sus amigas, sugiriendo que la escena de su muerte pudo ser orquestada para silenciarlo.
Este escándalo de las «Propofest» se suma a la reciente tragedia donde 87 personas murieron por fentanilo contaminado con bacterias, evidenciando un descontrol crítico en la cadena de custodia de medicamentos de alto riesgo en el país sudamericano.
La justicia argentina ahora busca determinar hasta dónde llegaba esta red y cuántos «viajes controlados» terminaron en morgues antes de que el escándalo saliera a la luz.
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