
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 15 de abril del 2026.- La tormenta perfecta ha llegado al campo de Chihuahua, y nos agarra con las manos vacías por culpa de una promesa rota. Mientras el conflicto bélico en el Estrecho de Ormuz estrangula el suministro global de fertilizantes, la planta petroquímica de Camargo —esa que el presidente López Obrador prometió reactivar para hacernos «autosuficientes»— hoy es solo un elefante blanco donde el único movimiento es el de las cartas de póker.
«Vamos a echar a andar esa planta» Hace casi siete años, el 16 de junio de 2019, López Obrador visitó Camargo con un discurso lleno de esperanza para el campo chihuahuense. «Lleva tiempo ahí en el abandono… pero vamos a echar a andar esa planta», sentenció en aquel entonces.
Hoy, con el precio de la urea por las nubes y el Estrecho de Ormuz bloqueado, las palabras de aquel 2019 resuenan como una burla para el productor local. No hubo «valor agregado», no hubo «autosuficiencia»; lo que hay es chatarra y una petroquímica que se quedó en el sueño de una gira presidencial.
En una reveladora entrevista para Chihuahua Minuto a Minuto, Jesús Emiliano García, líder de la Unión Campesina Democrática (UCD), puso el dedo en la llaga de una traición legislada desde la inacción. «Vino y prometió reabrir la petroquímica; dijo que le metería dinero para hacerla producir. Fue un compromiso de campaña y no cumplió», denunció García.
La realidad en Camargo es insultante para el productor que hoy ve cómo la urea se dispara de 13 mil a 16 mil pesos la tonelada: instalaciones abandonadas donde, según el líder agrario, el personal capacitado mata el tiempo en bodegas mientras la infraestructura que debería estar salvando la mesa de los mexicanos se cae a pedazos.
La inoperatividad de Camargo no es un tema político, es un tema de supervivencia. Al no producir nuestro propio fertilizante, Chihuahua queda a merced de la especulación internacional.
- El impacto: Sin urea barata, la producción por hectárea se desploma.
- La consecuencia: Lo que el campesino no pueda sembrar hoy, es lo que el ciudadano pagará al triple en el supermercado mañana.
La denuncia de la UCD va más allá de la chatarra en Camargo. Se estima que de los 60 mil productores que reciben apoyo federal, 30 mil son «fantasmas» que rentan tierras o simplemente cobran sin sembrar un solo surco. Un boquete de 300 millones de pesos que, sumado al abandono de la petroquímica, tiene al campo chihuahuense al borde de la parálisis total.
«Nos dicen que las cosas están bien en la mañanera, pero en la calle el diesel y los alimentos dicen otra cosa», concluyó García quien aseguró que el campo ya no aguanta más discursos; Chihuahua exige que la petroquímica trabaje para la gente y no que sea el refugio de una promesa que se llevó el viento.






