
Por: Sandra Dueñes Monárrez.
Chihuahua, Chih., a 27 de abril del 2026.- El conflicto político entre la administración estatal de Chihuahua y el Gobierno Federal ha escalado a un nuevo nivel de confrontación verbal. Lo que inició como una exigencia de explicaciones por parte de la candidata presidencial Claudia Sheinbaum Pardo, ha derivado en una contraofensiva de la dirigencia nacional del PAN que utiliza términos hasta ahora reservados para los expedientes judiciales: «narcogobernadores».
Jorge Romero, dirigente nacional del Partido Acción Nacional, lanzó este domingo un respaldo que, más allá de la solidaridad partidista, funciona como un misil dirigido al corazón de la narrativa de la «Cuarta Transformación». Al calificar de «valiente» a la gobernadora Maria Eugenia Campos Galván y aceptar el reto de su comparecencia ante el Senado, Romero no solo defiende una gestión, sino que intenta invertir la carga de la prueba hacia los estados gobernados por Morena.
La retórica de Romero fue inusualmente agresiva. Al nombrar directamente a gobernadores como Rubén Rocha (Sinaloa) o Américo Villarreal (Tamaulipas), el dirigente panista busca capitalizar el descontento por la inseguridad nacional para blindar a Chihuahua. «Les irá a dar una lección de cómo sí combatir a los delincuentes», afirmó Romero, en una declaración que coloca las expectativas de la comparecencia de Campos Galván en un nivel sumamente alto.
Sin embargo, detrás del estruendo de las palabras «vulgares» y «ataques», subyace una realidad preocupante para el ciudadano común: la seguridad pública de Chihuahua se está debatiendo en términos de rentabilidad electoral. Mientras Morena utiliza el Senado como un tribunal político, el PAN utiliza la tribuna para señalar las sombras del oficialismo, dejando en el centro a una entidad que sigue lidiando con crisis reales, como el reciente incendio masivo que hoy mismo puso a prueba a las instituciones locales.
La visita de Maru Campos Galván al Senado promete ser más que una rendición de cuentas; se perfila como un espectáculo de contraste político. El riesgo, como suele suceder en estos intercambios de alto nivel, es que la búsqueda de soluciones a la violencia quede sepultada bajo los adjetivos y las descalificaciones mutuas.
Para Chihuahua, el costo de ser el «bastión de la resistencia» es alto. La entidad se ha convertido en el espejo donde la política nacional se mira para criticar al adversario, mientras los problemas de fondo —los que no caben en un video de un minuto— esperan una tregua que no parece llegar en este año electoral.






